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Historia
Demasiado tarde: El traidor inocente que destruí

Demasiado tarde: El traidor inocente que destruí

Autor: Junwen
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Capítulo 1

Palabras:1285    |    Actualizado en: 05/01/2026

iagnóstico de cáncer terminal y

o celestial, volví con la familia Villarreal

e había amado desde niñ

ra el monstruo qu

que no cometí para ocultar la horrible v

, Alejandro se

e montar guardia frente a la puerta de su habi

incendió, no lo dudé.

spalda ardiendo mientras los escombros caían

y dejé que Sofía se llevara el crédito. No podía

ra lo peor. Est

n accidente y necesitó una transfusión

staba apagando. No sabía que mi sangre e

tores, ignorando mi cuerpo frágil

rada para salvar a la mu

ea recta que su mano derecha finalmente a

o se fue de la ciudad. Acabas de ejecuta

ítu

oscuridad a mis espaldas y exactam

les de liberación, sus ojos llenos de una lástima que quemaba más que la bil

uturo que perder. Yo no tenía nada más que un juramento d

ia en las afueras de la ciudad. Puse todo mi salario de la prisión sobre el most

stial -le dije al direct

barata y mis m

orita. Esto apena

é el resto

me llevó a

ia Villarreal imponía su ley. Lo sabía porque yo solía pertenecerles. Solía ser Valeria, la protegida, la chica que se s

e le gustó que no hablara. Era un fantasma con u

os trajes costaban más de lo que valía mi vida. Sostenía una charola con vasos de crista

ces l

a doble

o y subió por mi columna, paralizándome. Alejandro Villarreal. El Patrón. El hombr

xígeno de la habitación. Era más grande de lo que recordaba, sus hombros más anchos, su m

ansando posesivamente sobre el muslo de él. Un dia

nia, Alex -ronroneó ella, inclinándose hacia él-

ola se

el corazón roto, no estaba segura. El vaso se hizo añicos contra el borde de la

gió el hombre, poniénd

te pequeña. Empecé a recoger los pedazos con mis manos desnudas. Un trozo afilado de cristal me

cario, dándose cuenta de qu

ión quedó

vanté la vista. Sus ojos eran del color de un mar tormentoso, desprovistos de cual

nó el sicario-.

acia la alfombra empapada de alcohol. Apreté los dientes, preparándome para obedecer.

as

en voz baja, pero que

cernía sobre el sicario. No m

Alejandro, su voz vacía de emoción-. Y lo q

de la camisa y lo arrojó hacia l

rga

, alisándose el vestido. Alejandro se volvió hacia mí. Yo seguía d

tate,

eramente. Se acercó, invadiendo mi espacio. Olía a tabaco, a lluvia y a peligro. Miró mi m

y bajo, pajar

, Alejandro -dije, mi

sonido frío

sitas

S

o y sacó un grueso fajo de

ijo-. Pero tiene

lo q

vas a montar guardia fuera de la puerta de mi habitación mientras me coj

rtura diseñada específicamente para mí. Sabía que lo am

ero. Mis dedos ensangrentados

to -s

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