El resto del personal se había ido hacía horas, las luces de los cubículos se habían apagado una a una, dejando a Sofía sola en
pués de su advertencia sobre la "disponi
ó, un sonido seco que la
oz de Gabriel. No
Al abrir la puerta, lo encontró sentado no detrás del escritorio, sino en el borde del mismo
or de la ciudad nocturna a través del inmenso ventanal. Gabri
uerta con se
lic del cerrojo sonó
érc
as abiertas. Podía olerlo: sándalo, café caro y esa feromo
Simplemente la esc
voz ronca bajando de tono-. Vamos a ver qué t
geló en los pu
Thorn
, su tono endureciéndose-. No voy a repetirlo. Quítate esa
La falda se deslizó al suelo. El sujetador y las bragas siguieron. En menos de un minuto, estaba comp
n los pezones endurecidos y oscuros por el frío y la excitación. Bajó por su vientre plano hasta el triángulo de vello castaño claro y lo
ruñó él-. Da
zó con un dedo caliente la curva de sus nalgas, haci
l, dando un golpecito
riblemente excitada. Gabriel no perdió el tiempo. Se desabrochó el cinturón
el tronco hasta un glande ancho y rojizo que ya brillaba con una gota de fluido presem
iendo una mano en la
lado y metálico de su deseo. Gabriel siseó, sus dedos apretándose en su cabello. Ella comenzó a mover la cabeza, su
o el ritmo con la mano en su cabeza. Sofía gemía alrededor de él, la fricción de su dureza contra
abriel, mirando hacia abajo có
azos y la levantó como si no pesara nada, sentándola sobre el escritorio
as de par en par, exponiendo su
-susurró, arrodil
s y hundió la cara direct
beza hacia atrás. Gabriel no tuvo piedad. Separó sus labios vaginales con los pulgares, exponiendo la c
torturar su clítoris con movimientos rápidos y circulares. Sofía se retorcía sobre el esc
.. -gimió ella, olvida
ccionó su clítoris con fuerza, mientras introducía dos dedos dentro de
vastadora. La tensión se acumuló en el vientre
tra su piel mojada, la vibració
onándose, sus paredes internas apretando los dedos de Gabriel mientras los fluid
a quedó completamente laxa, jadean
a de satisfacción salvaje. Se subió la cremallera, ocultando su propia erección dolorosa
er fría, aunque sus ojos seguían ard
tras ella bajaba del escritorio con las piernas te
medad en su ropa interior como un secreto sucio
oches, se
l no s
El verdadero traba
a. No solo su carrera estaba en juego. Su cuerpo, su vo

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