rne Enterprises olía a café fuerte
o una voz importaba. Gabriel caminaba de un lado a otro frente a la pantalla de proyección, des
libreta abierta y un bolígrafo en la mano. Su trabajo era to
arecía un error táctico. Gabriel no la había mirado en toda la mañana. Ni una palabra sobre lo que pasó en
e justo detrás de la silla de Sofía. Su voz resonó en el pecho de ella-.
a de su colonia la envolvió, disparando un reflejo condicionado en su
o de su silla, inclinándose hacia la
financiero del tercer tri
Al hacerlo, sus dedos se rozaron. Fue eléctrico. Gabriel tomó
a
rande y caliente de Gabriel aterrizar sobre su
de voz perfectamente estable, abriendo la carpeta con una mano mient
bloroso. Los dedos de Gabriel eran firmes, audaces. Acariciaron la piel sensible de la cara in
l o en los documentos. Pero el riesgo era palpable. Si alg
jo Gabriel, y sus dedos rozaron
uspiro, que rápidamente
lenciosa: Contrólate. Luego, con una destreza aterrado
ntirlo, porque su pulgar hizo un movimiento de aprobación
briel de repente, dirigié
la miraba desde arriba, con una ceja arqueada y una expresión de aburrimiento profesional, mi
voz salió una octava
bjeción del
ntro de ella al mismo tie
ente a toda la junta directiva. Sus caderas se movieron impercepti
ñor Thorn
ala para
e. Quería ver si podía mantener la fachada de secretar
ía la nota con voz entrecortada, Gabriel aumentó el ritmo. Su pulgar rozaba su clítoris, su dedo entraba y salía
jos un segundo, sintiendo una oleada de placer recorrer su columna. Gabriel rotó el
Gabriel, sacando
ntacto la dejó vacía, palpi
los dedos en el pañuelo de su bolsillo, oculto
o. Valdés, su oferta es
s. Sofía se quedó paralizada en su silla, incapaz de ponerse de pie.
ndo la puerta se cerró, dejando a Gabriel
puerta cerrada, mirándola. Sus oj
s las actas, Sofía -dijo suav
a para protestar,
utos. Tienes una lección que aprender s
ndola sola, excitada, frustrad

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