img Dianco. El Nacimiento del Alfa de Hielo.  /  Capítulo 3 El Trono De Las Sombras. | 2.80%
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Historia

Capítulo 3 El Trono De Las Sombras.

Palabras:1388    |    Actualizado en: 04/06/2026

lo? -soltó Safer con una sonrisa condescendie

oler esa falsa seguridad. Su intervenci

r? -preguntó Dianco, y su voz, baja y sorda,

uchar a continuación. No estoy aquí para debatir mi legit

mi lobo son una debilidad, están fi

de pie con torpeza-. ¡No puede hablarnos de esa manera! El Consejo no es su guardia pe

alló en un cruce de murmu

iendo la reacción del joven heredero, convencid

ía de Dianco apagó los murmullos de golpe-. Yo

de ahora en adelante, les guste o no les guste; soy el heredero leg

conomía exponga la situación de l

muró Safer por lo bajo, interca

hombre corpulento de cabello engominado, incorpo

que debo hablar -sentenció Dianco, clavá

quí las preguntas las hago yo

es de dónde provienen nuestros

, se acomodó con aire de suficiencia, esbozando una sonrisa mi

disimulado-. Es simple aritmética que un joven inexp

os directos a los trabajadores, tributos de las empresas y las rega

iento de los impuestos de los trabajadores, un doce por ciento de las

gurar la felicidad de nuestro pueblo dándoles trabajo constante. Rec

n trueno en la sala, haciendo que los crist

a Bodi a retroceder un paso por insti

uso en pie por completo, apoyando el pe

on con una fuerza tan violenta que los papeles del

ra un rugido sordo, contenido por un esfuerzo sup

sol de Aethelgard, y les regalas nuestras entrañas de oro y diamante

los hemos estado saqueando b

a losa de plomo sobre la sala. Safer intentó intervenir, pá

ica del reino con acusaciones infundadas!

nco, inclinándose sobre la mesa con los ojos fijos en los

eguen a Safari un informe detallado de cada una de s

eva un dedo para obstruir esta auditoría será tratado como cómplice de tra

a y el paso militar firme, Dianco dio media

a quedó impregnado por el sudor frío y el terror sordo de unos burócratas que por fin comprendieron que el hered

rivado, el silencio lo reci

r pesadamente en el sillón de cuero, cerrando los ojos

inticinco, su humanidad exigía un autocontrol tit

atirle con furia en las sienes mientras el eco de las cifras cínicas de

a, abriendo los ojos para clavar su mirada de hielo a travé

ga que demoler este maldito reino desde sus cim

l gran sofá ubicado frente al escritorio de Dianco, mientr

Alfa -añadió el general con una voz gra

tras patrullas han dado frutos: t

ntera sin ninguna autorización oficial, mo

s, Otelo -respondió Dianco con aprobació

sonal del castillo -prosiguió el general

ncias en sus relatos, pero considero que los demás deben

Dianco sin du

personalmente de que reciban una compensación j

las mazmorras bajo vigilancia máxima y presionen; ne

y punzante en la base de su cráneo interrumpió sus pensami

un enlace, una presión insistente que buscaba una entrada d

rtante, levantando mentalmente su

encia que rayaba en la súplica, y él vo

zo, rompiendo la poca paciencia que le quedaba, Dianco, ofuscado y envuel

que me de

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