img Dianco. El Nacimiento del Alfa de Hielo.  /  Capítulo 6 El Rugido Del Trono. | 5.61%
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Historia

Capítulo 6 El Rugido Del Trono.

Palabras:1047    |    Actualizado en: 05/06/2026

acio resonaban con las botas b

a mandíbula apretada y una seña

salga por los pasillos laterales! -ordenó co

eros de Otelo derribaron la puer

to, pálido y con los ojos desorbitados, in

de la alta cúpula! -gritó Bodi antes de que dos sol

elo, empujándolo hacia el pasillo con un empellón s

sejeros fueron sacados a la fuerza, arrastrados entre protestas, amena

eda de las mazmorras, el ambiente o

ándose de brazos con una sonrisa fría y calculadora mi

o socarrón, acercándose a los barrotes-. Me alegra verlo

illación, muchacho insolente! -bramó uno de

resiones de sus rostros, el parpadeo acelerado

pulso está acelerado, viejo -s

continente. Traicionan el legado del gran a

efensores... a nuestros mediadores legales de inmediato

os pesados y decididos resonó

Di

una fría y palpable aura de intimidación, con lo

ra destituirme? -preguntó Dianco con voz

r que no les corresponde? Eso sol

una seña sec

a celda

n los cerrojos y abri

de madera de uno de los rincones y se sentó

detrás de la muerte de mis padres;

stás pisoteando la ley del contin

on total y aterr

enció Dianco, con una furia contenid

que nos mantenga aquí! -gritó otro consejero desde atrá

es, sintiendo la rabia

los retenían sin un documento probatorio firmado o un crimen flagrante, e

con lentitud, plantá

hen bien, alacranes. Si desean declararm

yo soy el único heredero y eso nadie lo p

o que jamás v

scupió uno de los cons

. Jamás gobernarán Aethelgard. A ustedes lo único

hay algo que haré mientras los dioses me mantengan con v

arse cuenta antes... cómo permitió q

ajada cínica, mirán

naba los bolsillos con esas

gado por la ira, se abalanzó sobre Bodi, lo tomó firmement

de mi padre te queda demasi

condenarlos a muerte por traidores a nuestra m

ayó hacia atrás, boqueando y respirando de forma f

cupió Bodi en un

as hombreras de la capa, y comenzó a c

telo -ordenó Dianco de pronto, con l

os por la asombrosa incredulidad, negándose a creer

nzaba a subir de retorno hacia su despacho-.

. El primer paso en falso que den fuera de estos m

en los nudillos, hizo una seña seca a los guardi

irándose entre ellos con una mezcla de incredulidad

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