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Historia

Capítulo 5 EL RECHAZO

Palabras:2097    |    Actualizado en: 06/09/2026

como un segundo corazón, y cada latido le recordaba que algo estaba a punto de suceder. No supo cómo lleg

en la fortaleza.

elan? ¿Quería verla? ¿Después de días de silencio, de

ntó, su voz ape

ho

rás de ella, su ros

con

o negó con

iere ver a la cu

scutió. Solo miró a Nadia con una e

o ten cuidado. Y recuerda: pa

osque iluminado por las antorchas, sus pasos resonando en el silencio de la noche. La fortaleza de

bras danzantes en las paredes de piedra. Kaelan estaba allí, de pie frente al fuego,

-dijo, s

que parecía demasiado grande para ella. Sus manos tem

a luz vacilante de la chimenea. Sus ojos, aquellos ojos dorados que la habí

ué te he llam

o sabía. El vínculo. La elección. El futuro in

us pensamientos-. La luna nos unió. Pero eso n

un nudo en

uiere d

de metros, lo suficientemente cerca para que ella pudiera sentir el calor qu

acepto como mi compañera, perderé el apoyo de las familias nobles. Los Shadow, los Ashwood,

trando sus ojos con una determ

u compañera. No pedí que la luna me eligiera. Pero aquí estoy, y no vo

e un momento, su máscara de frialdad se resquebrajó,

dijo, su voz más suave-. Pero la valen

, levantándose de la silla para enfrentarlo-

sentir el vínculo vibrando, una cuerda tensa a punto de romperse. Podía s

lmente, su voz apenas u

iera. No esperaba amor ni pasión. Pero sí esperaba una respuesta.

sonó más fría de lo que pretendía-. No voy a esperar

rás, dejando a Kaelan solo fr

la reclamara. Ella. Nuestra. No dejar ir. Pero Kaelan se negó a obedecer. Se qu

o siempre. Su presencia llenó la

preguntó, sentándose e

S

é deci

ojos dorados brill

decidid

sonrisa que no ll

aba, Kaelan. El consejo se reúne mañana. Las familias nobles

sugieres

os lentos y deliberados. Su mano se posó so

s construido. ¿Vas a destruirlo todo por una omega que apenas

as. Cada una era una daga, y Brai l

su apoyo. Ashwood aprovechará la debilidad para atacar. Umbra se desangrará en u

la l

ó Brai-. Tú gobiernas. Tú eres el Alfa

a razón. Sabía que aceptar a Nadia sería un suicidio político. Pero también

-preguntó-. ¿Qué pa

, sus ojos verdes bril

ctos, formas de contenerla. No será fácil, pero es p

sus ojos algún rastro de compasión. No

almente-. Tomaré

, y su sonri

o correc

privilegiados, los betas formaban círculos intermedios, y los omegas se apiñaban en los bordes, apenas visibles. El s

su cuerpo tenso. Darian estaba a su lado, su mano

se -susurró él-

, Kaelan Bloodfang ocupaba su lugar como Alfa, su figura imponente, su rostro

paso adelante, levantando

ritual de la Luna reveló un vínculo predestinado entre nuestro Alfa, Kaelan Bloodfang, y la curander

ente de energía que la conectaba a Kaelan. Podía sentir su presencia, su conflicto,

rió la multitud, deteniéndose brevemente en

ligió a ella. Pero yo soy el Alfa de Umbra. Mi deber no es sol

Sabía lo que venía. Lo había sentido desde el mome

ando el aire como un cuchillo-. Rechazo este vínculo. Rechaz

ión fue i

l pecho, como si una cuerda tensa hubiera sido cortada y el extremo suelto hubiera vuelto a golpearla con toda su fuerza. Su

ada. La marca en su clavícula ardía, brillaba, se oscurecía. El

voz de Darian, le

con compasión; otros, con desprecio. Las familias nobles obse

, y por un momento, Nadia vio algo en ellos. Algo que no era orgullo ni satisfacc

cara de serenidad. Pero sus ojos verdes

Eldrin, su voz temblorosa-. Que

ado intenso. La marca en su clavícula se había oscurecido, u

entro de aquella os

menzó a emerger. Era tenue, apenas visible, pero estaba allí. Una línea plateada que

multitud, en las reacciones de las familias

rian sí

nda estructura antes, en los pergaminos antiguos que su madre le había most

urró, apenas

lgo nuevo estaba naciendo en su interior. Algo que no era lunar. Algo que no

No era su loba. Era algo más antiguo. Má

elan se retiró sin mirar atrás, su rostro de piedra ocultando el torment

su cuerpo temblaba, sintiendo el calor de la nueva marc

rimas cayendo sobre el cabel

mido, y en el vacío que el vínculo roto había deja

edó sumida en las sombras. Algo había comenzado. Algo qu

marcado por dos fuerzas que no deberían coexistir, su sangre

rina estaba

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