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Historia

Capítulo 2 Chapter 2

Palabras:1671    |    Actualizado en: 08/12/2021

pte

ltó el cinto

er dónde

a condescendencia, pero res

staba recubierta con una malla de oro, una malla muy gruesa, el c

ce an

respondi

mpuña

ir esto, Maeniel sacó la mitad de la hoja de la vaina. La luz de las

intentaban ver la hoja por encima de su hombro,

uede hacerla un dio

iró con expr

llevaron antes de que los romanos llegaran a la Gali

nte el cinto, la

torgó las armas

subir la escalera. El sirviente caminaba s

globo anaranjado entre las nubes rosáceas en el horizonte, pero como se preparaba un banquete,

n forma de anillos, cada niv

el jardín, y los árboles y enredaderas crecían pegados a él, tan frondosas éstas que casi colgaban hasta el siguiente nivel. Había rosas, muchísimas rosas, blancas, amarillas y ropas. Granados, avellanos y frambuesos, que cubrían la cerca con sus tallos espinosos. Todavía no habían dado fruto, pero estaban en flor, y las florecillas blancas se v

n el cielo -

¿Sois u

tó Maeniel sorprendid

aró el sirviente, y desp

escalones, que conducía a la torre

o y ni siquiera les hará notar su distracción. La mayoría de las personas ni siquiera ve este jardín, y los que lo hacen creen que es

ó Maeniel-, b

había macizos de rosales blancos a lo

a que no era un simple criado, entraron. ¿Era por la mañana o por la tarde? No podía saberlo con seguridad, y

ormes que se asomaban al cielo cargado de nubes, sacudido por los vientos que con sus severas corrientes descendentes traían frío y humedad, mientras que las corrientes ascendentes estaban cargadas de calor, del hedor de la s

e como los demás

plata y anaranjado bajo la luz del nuevo sol, ¿o era el antiguo?, que ardía junto a él-, soy un

uno ni lo otro, sino las dos cosas al mis

a esperanza de que é

lo detuvo c

espada frente a él y se oyó un repique, como si una gran campana hubiera sonado, antes de que el arma desapareciera-. En dos días le será devuelta. Esté donde esté, la tendrá. Su hoja está templada con el amor de quien la hiz

ían los escalones que conduc

inuó el sirviente-. Sólo las aves lo dominan. Por eso son sagradas para ella, aquella

eniel se volvió para mirar, el sirviente había desaparecido. El salón del ba

-pensó Maeniel-, u

muros estaba pulida, y se habían abierto espacios para la puerta y la chimenea en lo alto. Era magnífico. Maeniel entró por la puerta en forma de arco. La parte de la cúpula de cristal próxima a la chimenea era transparente, pero al ser de noche sólo las estrellas se veían a través de ella. Se reflejaban en el suelo de piedra pulida como una catarata resplandeci

prefería los hogares centrales, pero necesitaban demasiado combustible. Estaba seguro de que en un tiempo no muy lejano el mundo se calentaría únicamente con aquellas chimeneas. Sin embargo, había algo democrático en los hogares tradicionales, pues se podía caminar alrededor

o, se sorprendió a sí mismo temblando de miedo. Entonces vio el collar que llevaba la muchacha, y se fijó en que todas las otras mujeres lucían collares similares. La joven ofreció conducirlo hasta el rey y

ólo puedo verte los ojos. Por fav

eal- estaba dividida en seis partes, con una pequeña separación entre ellas que permitían a los invitados pasar. La joven que le había

o el rey preocup

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