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Pecados Placenteros Lascivia
El arrepentimiento del Alfa: El contrato real de la híbrida
Durante años, Elara Park tuvo que aguantar que la llamaran "mestiza" y "sangre débil" en las reuniones de la manada. Como era una loba híbrida, se creyó las dulces promesas de Zack Blackwood. Pero rechazó el vínculo de pareja predestinado con ella momentos después de reclamar su cuerpo. Antes incluso de que pudiera recuperar el aliento tras aquella agonía que le partía el alma, los medios ya estaban celebrando su compromiso con su vengativa hermanastra, Selina. Los titulares hablaban efusivamente de su "perfecta unión de sangre pura". La llamada de su madre llegó como un golpe final: "Elara, ya tienes veintitrés años. Es hora de que contribuyas a la familia". Casarse con el inútil segundo hijo de una prominente familia Alfa o perder para siempre el imperio de su padre. La tenían acorralada, dispuestos a arrebatarle su derecho de nacimiento y dejarla indefensa. Pero, a medida que el desengaño se desvanecía, una determinación gélida ocupó su lugar. Elara acudió a la cita concertada en el club más exclusivo de la ciudad, decidida a aprovechar el plan de su madre para su propio beneficio. Aceptaría casarse, pero en sus propios términos. Cuando se encontró en la suite privada con quien creía que era Damian Sterling, fue directamente al grano: un matrimonio por contrato con límites claros, vidas separadas y una vía de escape garantizada. ¿Qué no sabía? El hombre tremendamente peligroso que acababa de firmar su contrato con una sonrisa de depredador no era el patético playboy que ella esperaba. Era Dominic Wolfe, el Rey Alfa que la había estado cazando sin descanso durante años. Y acababa de entregarse por completo a él.
Pecados Placenteros: Lascivia
Lascivia. Lujuria y Deseo Las vacaciones acabaron y Rachel debe volver a su puesto como teniente en el ejército de la FEMF, encontrándose con que la central de Londres no es lo mismo. Llegó un nuevo coronel, soberbio y con una belleza que no parece humana. Hombre que no tiene ojos sino dagas de ace
Lascivia
Stella le había ofrecido sexo a un demonio o lo que fuera que se apareciese a cambio de una vida mucho mejor. Es ahí cuando Constantine hace de presencia, un demonio que mantenía una vida fuera del Averno y tenía mucho dinero, entre los dos se unen lazos que Stella cree que empieza a enamorarse. No
Cuentos Placenteros.
Un cuento erótico muy excitante y muy picante, donde podrás fantasear mucho. Cuentos de todo tipo, incesto, gay, heterosexual, lésbico. Disfruta de estos deliciosos cuentos eróticos. Lee mientras estás solo. NOTA: Mi propio trabajo
Negocios Placenteros
Alice Warner sueña con reencontrarse con el chico que conoció hace diez años y del cual cayó perdidamente enamorada. Todo ese tiempo no bastó para olvidarlo, pero ahora tiene que abandonar toda esperanza al tener que casarse con un completo desconocido solo por cumplir un contrato que firmó. ¿Qué ta
Pecados en el Paraíso
Involucrarse con su mejor amiga nunca estuvo en los planes de Juliet. Ni tener que decidir entre él o su loco enamoramiento adolescente. Nunca pensó que una elección equivocada podría acabar con su felicidad y traer un arrepentimiento eterno. Volver a verlo después de tantos años la transportó a un
Los pecados de la CEO
Lisa, una inmigrante venida a USA, había podido cumplir el sueño americano, convirtiéndose en la CEO de una de las empresas mas importantes del pais, pero un error en su estatus migratorio amenaza con hacer que la deporten de regreso a su pais perdiéndolo todo por lo cual habia estado trabajando has
Tabu: Ataduras y Pecados - Novelas Cortas Eróticas Tabú
+21 Contenido explícito, tabú y adictivo. Te arrepentirás. Y aun así querrás más. Ella gemía, incluso sabiendo que estaba mal. Él apretaba más fuerte, empujaba más profundo y ella pedía más. En Tabú: Ataduras y pecados, te lleva por caminos donde el deseo sabe a pecado, huele a cuero, suena a cadena
Los pecados de mi marido, la venganza de mi corazón
Mi matrimonio era perfecto. Estaba embarazada de nuestro primer hijo y mi esposo, Andrés, adoraba hasta el suelo que pisaba. O eso creía yo. El sueño se hizo añicos cuando, en la oscuridad, susurró el nombre de otra mujer contra mi piel. Era Karla, la joven asociada de mi firma a la que yo misma ha
