Libros y Cuentos de Roy Van ness
La Perfección Inesperada
En el año 2038, mi vida giraba en torno a "El Sueño del Guerrero", un juego de RV donde era "Puente del Sur de Bambú", un avatar deliberadamente feo, para ser valorada por mi esencia y no por mi apariencia. Llevaba tres años en una relación aparentemente sólida con Héctor, el "Guerrero de Fuego" y jugador número uno, quien juraba amarme precisamente por no ser una "princesa superficial". Pero un día, el mundo virtual y real se derrumbó: la exnovia de Héctor, "Princesa Dulce", regresó al juego y él, sin piedad, me humilló en público, declarando que yo solo fui un pasatiempo mientras esperaba su retorno. La traición fue más allá cuando, como Sofía, la ilustradora freelance, descubrí que Héctor, mi cliente más importante, se burlaba de mí en los foros del juego mientras me despedía de mi trabajo en la vida real. Fui acusada de ladrona por Ximena, mis amigos del gremio se pusieron en mi contra y fui humillada a nivel global. El hombre que amaba me había deseado muerta en el juego y arruinado mi carrera fuera de él. ¿Cómo podía alguien ser tan cruel, tan ciego, tan despiadado? ¿Era posible que el hombre que decía amarme y valorarme, solo fuera un cobarde que se aprovechó de mi lealtad? En mi hora más oscura, cuando me perseguían por todo el servidor, una figura inesperada apareció: el enigmático "Cazador Nocturno". Él, contra todo pronóstico, se convirtió en mi protector, declarando la guerra a mis enemigos por mí. Esto no terminaba aquí. Mi venganza sería dulce y se serviría en el escenario más grande de todos.
Adiós, Diego: Mi Nuevo Comienzo
El sonido de mi guitarra, mi pasión, resonaba hueco en la hacienda que por diez años llamé hogar, un desafío silencioso a Diego, el hombre al que entregué mi alma y mi genio para construir su imperio de tequila. Pero su respuesta fue una traición helada: "Ximena, deja de hacer numeritos y sube a mi despacho. Ahora" . Y allí, sentado tras su imponente escritorio de caoba, me soltó la humillación más grande: "Quiero que tú y tu mariachi toquen en mi boda" . La boda que me había prometido a mí. No solo me descartaba por otra mujer, Sofía, sino que me exigía ponerle banda sonora a mi propia aniquilación, a mi propia traición. El golpe más cruel llegó en un susurro venenoso desde el pasillo, de boca de su lugarteniente, "El Chato", pero con las frías palabras de Diego resonando: "Ximena es buena para el negocio, para la guerra, para la calle. Pero para casarme, necesito algo… más puro. Una niña bien, educada, limpia. Ximena ya está muy corrida, muy vivida" . Cada palabra era un puñal que me desgarraba: "Sucia", "corrida", "vivida". Así me veía el hombre a quien le había dado todo, solo una herramienta para desechar cuando ya no le servía, valiendo menos que la inocencia fabricada de una desconocida. El dolor fue insoportable, pero en el fondo de ese abismo, algo se encendió: la rabia. La humillación se transformó en una determinación inquebrantable. Me levanté, la cabeza alta, y con una sonrisa forzada le dije: "Claro, Diego. Será un honor tocar en tu boda" . Pero esa no era Ximena, la víctima; era Ximena, la guerrera, a punto de desatar su venganza.
En El Infierno Digital
El aire en mi cuarto de Los Ángeles se sentía pesado, mientras estudiaba para el examen de ciudadanía, el que me abriría las puertas a un futuro prometedor. Pero un mensaje inesperado rompió la rutina: "Sofía, soy yo, Miguel. No vayas al examen. No confíes en ellos. Peligro". La incredulidad me invadió; mi hermano mayor, desaparecido hace tres años, al que todos daban por muerto, ¿vivo? Los Thompson, mis amables padres adoptivos, de repente se transformaron. Ya no eran ellos. Sus ojos, sus gestos, revelaban una farsa macabra, y mi mundo se volcó de cabeza. "No estoy loca", me repetía, mientras el terror y la rabia me consumían. Los mensajes de Miguel desaparecieron de mi teléfono, y un supuesto "psicólogo" intentó convencerme de que todo era una alucinación, un trauma de mi mente. Me arrastraron a la fuerza, bajo la mirada de policías y de Ricardo, el mejor amigo de Miguel, quien ahora era cómplice de esta locura. Justo cuando creí entender la verdad, otro mensaje de Miguel me dejó helada: "SALTA AHORA". "Esto no es real. Estás en un sueño". Con un acto de fe desgarrador, salté al vacío, despertando en un laboratorio junto a Miguel, quien me reveló que habíamos estado en coma por tres años, víctimas de los experimentos de Ricardo. Pero la liberación duró poco. Una simple prueba, una historia inventada sobre un perro llamado Canelo, expuso la más cruel de las verdades: la simulación no había terminado. "Nunca hubo un perro llamado Canelo. Nos inventamos esa historia, Miguel y yo, para que nuestros padres no supieran que usábamos el dinero del pan para comprar cómics. Era nuestro secreto. Un secreto que solo nosotros dos conocíamos". Con la ayuda del verdadero Miguel, quien había hackeado el sistema desde dentro, destruí la prisión digital de Ricardo, liberándome finalmente de la pesadilla.
No Te Merece Mi Amor
El sudor empapaba mi camisa. Acabábamos de ganar el Campeonato Nacional de Arte Flamenco, un triunfo para la academia de mi esposa, Luciana. Ella, con una sonrisa deslumbrante, me prometió una bonificación de 50.000 euros para renovar el estudio, un reconocimiento a siete años de esfuerzo construyendo su negocio con mi nombre y mi arte. Pero dos días después, en lugar de la transferencia bancaria, recibí unas castañuelas de souvenir de 50 euros. Luciana disculpó el engaño con excusas baratas sobre "gastos inesperados" y "no ser materialista". La humillación era amarga, pero lo peor llegó horas después. En redes sociales, Leon, un bailarín mediocre que Luciana acababa de contratar, posaba sonriente con un deportivo rojo: "¡Gracias a mi increíble mentora, Luciana García, por este regalo de promoción! ¡Un coche de 50.000 euros!". Los mismos 50.000 euros, mi bonificación prometida, ahora eran el capricho de su nuevo protegido. Luciana me justificó fríamente que era una inversión para la "imagen de la academia", que yo ya tenía "mi arte", mientras él tenía su "valor comercial". ¿Mi dignidad y siete años de matrimonio valían menos que unas estúpidas castañuelas de plástico? La farsa de nuestro matrimonio se derrumbó. Decidí que era suficiente.
De Ama de Casa A Reina de Arte
La fiebre me quemaba, pero el frío de la noche riojana me paralizaba. Llevaba ocho años casada con Máximo, ocho años sacrificando mi pasión, los tablaos de Sevilla, y entregándole todo para que su bodega triunfara. Fui su socia silenciosa, crié a nuestro hijo, saneé sus finanzas y, lo más importante, le di un secreto ancestral de mi abuela: la fórmula de un vino de postre que nos lanzó al estrellato. Pero para el mundo, y para él, el éxito era solo suyo. Esa noche, la más importante del año, él se llevó a nuestro hijo sin avisar y me ignoró, mientras mi prima Sofía, la favorita de mis padres y la que siempre me eclipsó, presentaba "mi" vino como su gran creación. Todo se desmoronó cuando mi propio hijo, Leo, manipulado por ellos, me miró con lágrimas en los ojos y me acusó: "Eres mala, mamá. Hiciste llorar a tía Sofía". No podía creerlo. Fui invisible, traicionada, despojada incluso de la lealtad de mi hijo, de mi propia familia, en su "gran día". ¿Cómo era posible tanto desprecio? ¿Cómo podían borrar mi existencia así? Esa misma mañana, aún temblorosa por la fiebre y la rabia, puse los papeles de divorcio sobre la cama y firmé, para siempre, mi propia liberación.
Venganza de una Mera Sirvienta
Durante ocho años, mi vida giró en torno a Máximo, mi prometido y socio. Yo era la diseñadora que lo hacía brillar, pero en la Feria de Abril, lo descubrí bailando íntimamente con su joven aprendiz, Camila, una imagen que me rompió el alma y confirmó la profunda traición. La situación empeoró cuando, al intentar dejarlo, Máximo no solo minimizó mi dolor, sino que expuso públicamente nuestra relación con mensajes falsos, me humilló en cada oportunidad y dejó claro que yo era una mera sirvienta, demostrando una frialdad y narcisismo insoportables. Me preguntaba cómo pude ser tan ciega, entregando mi vida a alguien que me veía como un objeto desechable, sintiendo una mezcla de humillación, ira y una profunda injusticia por todos los sacrificios hechos en vano. Pero ¿y si esta traición fuera el catalizador para un renacimiento, una oportunidad para tomar las riendas de mi destino y recuperar la voz que había silenciado por tanto tiempo?
