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El magnetismo y la conexión que tenían era algo digno de ver. Ella, una mujer inteligente y con carácter que quería lo que todo el mundo quiere: una historia de amor digna de contar. Él, un hombre tremendamente imperfecto que lo único que le importaba era estar con la mujer de su vida, pero que sabe que se había equivocado tantas veces que podía perderla, por lo que una pregunta rondaba su cabeza constantemente ¿Puede el amor sobreponerse a todo?
Hay momentos en la vida que definen quienes somos y quienes seremos. Momentos que marcan el curso de nuestros caminos, marcan la fina línea entre tener una vida larga y feliz y una vida de mierda. Para mí el momento decisivo, el momento concreto en el que tuve la firme certeza de que mi mundo iba a cambiar fue cuando la conocí a ella.
Isabel entró en mi vida como un huracán, pero no para destruir sino para arreglar lo que sea que estuviera mal dentro de mi. Entró en mi vida para darme un motivo para ser una mejor persona, un mejor hombre, pero no para los demás, todo por y para ella. Isabel llegó a mi vida cuando menos me lo esperaba, era como aquel regalo de navidad tan querido y deseado. Esa mujer llegó para conquistar y colonizar cada parte de mi ser. Sin embargo, me resistí porque siempre había pensado que no necesitaba a nadie en mi vida, me tenía a mí y eso era suficiente. Y, por eso, mismo luche contra el magnetismo que tenía cada vez que estábamos cerca, luche tanto como me lo permitía mis fuerzas, pero fue inútil.
Inútil porque, aunque hiciera lo posible por evitarla no podía vivir sin ella. La necesitaba como nunca había necesitado a nadie. La necesitaba porque no podía respirar sino estaba con ella, y esa era la certeza de mi vida: la necesitaría toda mi vida.
La conexión y la necesidad que tenia por ella me enloqueció y me hizo desearla de una manera irracional y primitiva, estaba tan desequilibrado por su mera presencia que en lo único en lo que podía pensar era en estar con ella. Era de vital importancia que me perteneciera, que fuera mía, no por un simple capricho, sino porque era algo que tenia que conseguir para poder vivir. Sin embargo, Isabel con esos ojos verdes y esa cara preciosa con cuerpo pecaminoso me desafiaba de tantas maneras que me desarmaba con una sola mirada. Con un chasquido de dedos me tenia de rodillas ante ella o con una sonrisa me tenía gritándole al jodido mundo de que me había enamorado loca e irremediablemente de esa mujer y que no podía vivir sin ella.
¿Cómo había conseguido Isabel desarmarme de esa manera? pero, ¿Qué hombre podría resistirse a una mujer como ella? y, la respuesta a esa última pregunta era sencilla: nadie podría resistirse a ella.
Estaba jodidamente perdido y por eso mismo había intentado encontrar respuesta en cualquier tipo de libro de autoayuda de mierda y la única conclusion que había logrado encontrar es que los seres humanos podíamos enamorarnos tres veces en la vida. El primer amor era aquel amor infantil y puro, el segundo era la pasión intensa y enfermiza que te lleva a hacer cualquier locura y el último y el definitivo, aquel con el que envejecíamos era el amor sosegado y pausado con el que lográbamos encontrar la tranquilidad con el simple hecho de estar con esa persona. Es decir, teníamos la posibilidad de cagarla y aprender para que el último amor sea el definitivo. Pensando en retrospectiva no era un mal trato.
Pero, ¿Qué pasa cuando has tenido esos tres tipos de enamoramientos en uno solo? ¿Qué pasa cuando el amor te consume de tal manera que sabes que no puedes vivir sin esa persona? ¿Qué pasa cuando la cagas de tantas maneras que sientes que puedes perderla?
Mi vida con Isabel había sido intensa, llena de pasión y amor, y drama mucho jodido drama.
Por eso mismo, muchas veces envidiaba a las personas normales que tenían vidas normales con problemas normales. Envidiaba sus tristes historias de amor porque la mía era una puta montaña rusa llena de subidas y bajadas impredecibles.... Y no era por ella, el problema era yo. Siempre había sido yo.
Había conocido al amor de mi vida siendo un puto macarra de universidad que bebía, que iba de fiesta en fiesta y que saltaba ante cualquier provocación. Isabel me conoció cuando era literalmente la definición de desastre andante y enamorarme de ella me descontrolo llevándome a niveles insostenibles. A pesar de mi descontrol, era consciente de lo tóxico y cabrón que había sido con ella por mí jodido temor a perderla. Mis celos me llevaron a montar cualquier tipo de pelea y trifulca porque quería gritarle a cualquier imbécil que ella era mía. Esto provoco una Isabel más desafiante que se oponía a cualquier intento estúpido de control por mi parte, y por eso misma actitud la perdí.
Perdí a la mujer con la que estaba destinado a pasar mi vida y por esa misma perdida luche con todo lo que tenia por recuperarla. Porque cada vez que estaba dentro de su cálido cuerpo estaba seguro de que no iba a haber nadie más para mí. Solo existía ella, porque esa preciosa mujer que se había entregado a mi era el puto amor de vida.
La había llevado a una espiral de destrucción debido a mis problemas y casi la arrastro a un pozo sin salida. Su mirada verde vacía y desolada me perseguía y por eso tuve la certeza de que o me iba y la salvaba de mí mismo o la arrastraba conmigo a un camino de no retorno. Me marche y en el fondo muy en el fondo rezaba y rogaba a un Dios en el que no creía que me permitiera curarme para poder ofrecerle a esa mujer, a la mujer de mi vida, las estrellas y la luna que quería darle.
Con lo que no contaba es que más obstáculos se interpondrían en mi camino. Me había llevado más tiempo del que creía poner en orden cada uno de los problemas que tenía que afrontar, y me fue imposible no aparecer cada vez que podía en su vida no porque fuera un egoísta, que lo era, sino porque la necesitaba profundamente. Me había probado a mí mismo por el simple placer masoquista de saber cuánto podía aguantar sin verla mi máximo record fueron dos putos meses. Dos putos meses en los que se me había cuesta arriba cada uno de los puñeteros días y cuando finalmente volvía a ella, sentía que cada una de las piezas rotas encajaban, cuando la veía podia respirar tranquilo, cuando la veía mi corazón volvía a latir una vez más.
Pero, esa mujer hermosa, inteligente, terca y desafiante me lo iba a poner difícil. Muy difícil.
- ¡No puedes aparecer en mi vida cada vez que te de la gana! - chillo tirándome cuanta cosa encontraba en su camino, caminaba de un lado a otro desnuda, después de apartarme impidiendo que le hiciera el amor. Se volvió de repente y acorto la distancia que nos separaba y me dio una fuerte bofetada - ¡Te odio!
El corazón se me rompió, pero no podía culparla, nunca podría culparla. Sin embargo, encontrarla con otro hombre hablando en la puta habitación, era algo que no podia tolerar, aunque estuviéramos separados y según ella no tuviéramos ninguna relación. Era inaceptable.
- Sabias que iba a venir - espete con la voz acerada sujetando sus muñecas y empotrandola contra la pared. Acerque mi cuerpo desnudo al suyo para que sintiera lo dura que tenia la polla. Ella entrecerró los ojos y gimió mordiéndose el labio inferior apoyando la cabeza en la pared. - Puedes decir lo que te de la gana, mi amor, pero sabias que iba a venir a sacar a ese gilipollas de esta habitación a patadas desde el momento en el que me viste. Te gusta provocarme y llevarme a mi puto limite, ¿no? - acaricie con la nariz la piel suave de su cara deslizando mi mano derecha por su espalda con suavidad hasta llegar a su culo - ¿Crees que no sabia que no ibas a hacer nada? ¿Crees que no sé que intentabas ponerme celoso trayéndolo aquí? ¿eh? - ella gimió en mi oido y tire de su pelo con suavidad para obligarla a mirarme. Nuestras miradas cargadas de lujuria se conectaron y su respiración se acelero cuando introduje un dedo en su coño húmedo. Entrando y saliendo suavemente de ella esparciendo su humedad en su clitoris. Isabel acerco su boca a la mía con fuego en la mirada y capturo mi labio inferior entre sus labios mordiéndomelo con sensualidad.
- joder- maldije mas duro que nunca, cogí su cintura y ella me envolvió con sus voluptuosos muslos la cadera. Con una mano sujete sus muñecas contra la pared y con la otra dirigí mi polla a su entrada y con una estocada salvaje llena de anhelo y pasión la penetre - Puedes decir lo que te de la gana, mi amor, pero yo soy el único hombre que quieres en tu cuerpo -
Ella gimió y me beso con desesperación intentando liberar sus manos de mi agarre, pero estaba tan jodidamente cabreado y celoso que la sujete con más fuerza mientras sacaba y volvía a meter la polla una y otra y otra vez con fuerza. La sentía tan caliente y acogedora, me sentía en casa, porque ella era mi lugar, mi hogar. Yo le pertenecía, cada célula, cada parte de mi ser le pertenecía a esa mujer que me recibía gustosa en su cuerpo. Eche la cabeza atrás y maldije por el placer incontrolable que sentía y la libere. Libere sus manos y por un breve instante se me paso por la mente que me iba a apartar y me entro el pánico, pero este se esfumo cuando Isabel recorrió desesperadamente mi espalda enterrando sus uñas con fuerza.
- Dime que eres mía - le ordene a escasos centímetros de sus labios sacando suavemente la polla para después volverla a meter con fuerza.
- Soy tuya, Alek - gimió en mis labios besándome con pasión mientras movía su cadera en círculos - siempre he sido tuya
Suspire mirando las mil fotos que tenia guardadas en mi móvil, estaba completamente perdido sin esa mujer.
- No puedo vivir sin ella- dije volviendo a mirar a la psicóloga que me observaba con paciencia sujetando su agenda negra - la necesito para poder respirar porque sin ella no soy nada. No valgo una mierda sin ella. Ya sé lo que va a decir que no es saludable y que es tóxico - reí levantándomelos del sillón - créame lo sé, pero este amor que siento por ella es lo único bueno que me ha pasado en la vida, eso y Eric. Así que, ayúdeme, porque necesito recuperar a mi familia.
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