iños en la heladería se clavan como agujas en mi sien. Cada timbre de
na voz tan plana que roza la hostilida
ente a mí, un pequeño con gafas y un sweater de ray
esito a mis casi treinta años
rle, esta vez con una miradita que intento que sea
lla y
, no pide toppings. Se lo entrego y me apoyo en uno de los muebles
pero el precio del alcohol que tomé y la falta de sueñ
los cubos de helado que estaban medio vacíos. Su voz e
a. Siento que teng
-dice, y yo asiento. Es una mentira piadosa, pero me aferro a ella. Nadie sabe de Nick. -
ucharla. El corazón me da un vuelco y sie
a nadie que follamos por
mo hombre, o al menos como un tipo que sabe l
queña. Debió ser el vino de manzana -miento,
nto
sé qué habrá sido lo que me hizo mal -insisto,
y a dejar que no trabajes! -George, nuestro jefe, le grita a Chloe cuando pasa
viejo en
stas. Es un pesado -le susurro a Chloe cuando se a
elen intensamente a químico, lo que aum
ívido de Nick; él entre mis piernas y yo sentada en el lavamanos mientras le ara
cuerpo de
mbro también
o comportarme así. No es muy común en mí follar con cualquier persona en una fiesta,
preparado, así que i
lgo entre nosotros desde que me vio. Es tan guapo y masculino, pero sé que lo que pasó fue so
e salió un pedazo de a
mo mi paciencia se evapora. Frente a mí, la misma señora y el
s -respondo, intentando ocultar mi estré
Pudo haberse quebrado un diente -La señora se cruza de b
l sabor se veía claramente que el helado tenía pe
alcanza a ver
anco. Asiento. No quiero seguir llevándole la
e daré otro h
-el niño dice con una sonrisa de victor
n diente" y aun así d
Te cuento que el helado de frutilla tiene pedazos de la fruta y el de frambues
con una cor
o la caja. Por fin nue
Chloe se acerca a mí, con una expre
sero de la última clienta -digo, todavía co
-hace un gesto con su mano para que le preste atención. La mir
oteles de California, sí -respondo, sin darle mayor importancia. E
necesito que no se lo cuentes a nadie. Es
-pongo los ojos en blanco. No m
izos ¿verdad? Una niña
había escu
as a caer con lo q
e! ¡Ya
solo unos meses de edad -me cuenta. Su voz baja a un
sintiendo una punzada
zo mi ceño totalmente confundida. La sangre se me congela, y el c
nsuales! a la mujer que se haga pasar por la ma
e mi cerebro grita: ¡Es cierto! ¡Es cierto! Alza su
anonadada, sintiendo la urgencia de
; Marcel

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