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Historia

Capítulo 4 •Capítulo 4•

Palabras:1403    |    Actualizado en: 17/09/2024

a cambiarse de ropa y volver a salir. Aunque no me gusta mal pensar de ella, es inevitable no hacerlo. Desde hace mucho tiempo siempre

terminó de amargar mi día sin saber por qué. Quería hablar con mi esposa so

café sea de su agrado. Permiso -dej

. Debo admitir que se ha esforzado de más para hacer un café perfe

iene el poder de ponerle un poco de alegría a e

N

e cambié de ropa. No entiendo por qué la Sra. Agatha quiere verme

experiencia en este tipo de trabajo, aún así, me dio la oportunidad, algo que le agradezco

yudarle a la Sra. Morgan en la cocina, pero si el señor está en casa y me necesita, debo dejar lo que estoy haciendo para atenderle. Algo normal y sencillo de hacer, pues el Sr. Leroy

ver a la señora de la casa y uno de los choferes me llev

algo mal, pero lo único en lo que he fallado es en la hechura del café. No creo que me vayan a despedir p

único trabajo en el que me contrataron. Mi abuelo necesita sus medicinas y seguir el tratamiento que apenas hace unos días

mi hermano tuvo que dejar sus estudios para trabajar y mantenernos, sin embargo, su trabajo es por fuera del país y es muy poco el dinero que puede enviarme para cub

éndolo por uno bueno. Quizás quiera hablar conmigo de alguna otra función, de

Michel -una mujer despampanante me sacó de m

tan hermosos, elegantes y costosos que mostraban los maniquíes. Ni en un millón de años podría pag

n amplio salón con ventanales enormes, teniendo un vista p

, tan pronto llegamos a una

aci

una gran sonrisa en su rostro-. Perdóname por haberte hecho esper

a. Leroy. Entiendo que es u

manera -rio y asentí con la cabeza, recordando la vergüenza que p

otra. La Sra. Agatha es una mujer muy hermosa y no es para menos, si es una de las modelos más reconocidas e importantes del país. Su

ás preguntando para qué te h

n lo co

carpeta negra que se encontraba encima de la mesita de centro y la extendió en mi dirección-. Este es tu contrato, e

arpeta y empecé a leer

s prestaciones de ley, así como todo el cubrimiento del tratamiento de tu abuelo. Los días en los

s estaban fijos en la cifra tan gran

creo que aqu

carpeta y frunció el ceño-. Yo veo to

ue me voy a ganar por

cer -sonrió de costado-. Enamorar a mi marido no será una

señora de qué habla. Ella jamás me dijo que el trabajo se basaba en e

stá va

lo ahora que empezó su tratamiento médico -miró su caro reloj de muñeca mientras en mi cabeza se hacía un gran corto circuito-. Debo irme a la reunión, pero no te preoc

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