asta herida?, cruzó por el rostro de Hudson antes de q
n embargo, dudaba que siquiera recordara si yo prefería café o té por las mañanas. "Tengo trabajo que hacer", dije, con voz cortante, dándome la vuelta. Mi estudio de arquitectura era el único refugio que aún me pertenecía dentro de aquella casa erigida sobre mentiras. "¡Sofía!", la voz de Valeria sonó dulce, empalagosa, como un reclamo de niña mimada. "No te vayas... quédate a charlar conmigo". Mateo la rodeó con un brazo, en un gesto protector que me revolvió el estómago. "No le hagas caso, Valeria. Siempre está enterrada en sus planos y sus maquetas". Luego me atravesó con la mi
ndí, con una calma peligrosa. "Valeria es tu i
e mimado demasiado. No te preocupes, hablaré con ella. Esta noche puedes quedarte en mi cuarto conmigo". Me refugié en mi estudio y cerré la puerta con firmeza. Sus risas suaves, cómplices, recorrieron el pasillo como una daga en mi espalda. Me apoyé contra la madera, sin
él. Nunca más. Horas más tarde, estaba en el pequeño altar familiar que había levantado en un rincón silencioso junto a la biblioteca. Hoy se c
a propósito. Un rayo de furia blanca, puro e incandescente, me recorrió el cuerpo. Antes de pensarlo, avancé y mi mano estalló contra su mejilla en un golpe sonoro. "¿Cómo te atreves?", grité, con la garganta desgarrada de dolor y rabia. "¡Ella está muerta! ¿Qué te hizo para que mancillaras su recuerdo?". Mateo apareció corriendo, alertado por el estruendo. Lo primero que vio fue a Valeria con las lágrimas
bía olvidado. Olvidado que hoy se cumplía un año más de su muerte. Había estado conmigo en el funeral, había tomado mi mano, había jurado sobre esa tumba que nunca me abandonaría. Una mentira más, otra promesa vacía. "¿Quieres que me disculpe?", mi voz era baja, peligrosa, el filo de una tormenta contenida. "¿Por qué? ¿Por defender la memoria de mi abuela?" "No seas difícil", espetó é
tra mí, disfrutando de mi terror más íntimo. Mientras me empujaba hacia la oscuridad cerrada, lo entendí con una claridad escalofriante: Yo no era parte de su familia. Ni siquiera era una invitada. En esta casa, en s