pital, otra vez. Mi cabeza latía con un dolor sordo e implacable. Me ardían las rodillas. Intenté moverme y
os, pero las luces fluoresc
a silla, con el rostro oculto por las sombras. "El doctor dice que tienes una conmoción cere
dolorosa. "¿Es ese mi casti
to. "La botella se cayó de la
a demasiado fuerte. Se trataba de una mentira, una hist
, susurré con
a expresión indes
sotros. Mi corazón latía con fuerza con
a", dijo en voz baja.
da. "Entonces, ¿por qué?", murmuré con la voz quebrada. "¿Por qué de
dándome la espalda. "Ella ha pasado
jer era tan frágil
las palabras saliendo con dificultad de mi
noces. Siempre la estás provocando. Tiene
en la fantasía, en la versión idealizada de
lla, pero no a mí?", p
; el silencio f
do y quebrado que me lastimaba la garganta. Las lágrimas corrían por mi ro
n sofocante. Revisó mis signos vitales, con una expresión profesi
de consolación. Cualquier esperanza que me quedaba se pulverizó. No me estaba ofreciendo consuelo,
onio?", le pregunté, con las palabras sabiéndome a áci
mantenía atada a él. Una vez me había mostrado un certificado, un do
giró para enfrentarme, con los ojos oscuros y profundos. Lo miré fijamente, con cientos de pregunta
io quién llamaba. Al contestar, habló en un francés fluido y natural. Nunca
cto. Luego escuché la voz de una mujer al otro lado de la línea, emocionada y aguda. A pesar de la barrera del idioma, e
n plan. Cada cosa. Él estaba cortejando a mi hermanastra, y yo solo era... un
, preguntó la mujer, cuya voz se oía c
razón. "Solo es un juguete", dijo en un francés frí
ecer confundida, como si no entendiera, como
o que era que él estuviera aprendiendo francés solo p
ó que yo también hubiera soñado con París. Jamás había vi
asas de mi amor por él se apagaron; no quedó nada más que cenizas frías y duras. "Coral me necesita", habló en
ijo. Caminó hacia la puerta con
y herida, para ir a consolar a la
ritar, un grito silencioso y desgarrador mientras las l