hombres se la llevaban. Sus gritos se desvanecieron lentamente, reempl
sonrisa forzada y tranquilizadora en el rostro. S
ave y ensayada. Se acercó a mí, extendiendo la caja-. Te traje al
e y empalagoso del perfume de Carla, dulce y artifi
susurró, intentando
ocante. El olor de ella, mezclado con sus
r, empujándolo hacia atrás,
ojecidos e hinchados, irrumpió de nuevo en el
lló, arrojándo
do tembloroso-. ¡Mira lo que me hizo! ¡Me marcó! ¡Está tratando d
lmente preocupado, se endur
rcó a Carla, protegiéndola-. Te dije que te calmaras. Te dije que
a él, su voz un
te que me protegerías. Prometiste q
ó, su mandíbula se tensó. Sus ojos, a
quieres? ¿Destruir su vida? ¿Su futuro? -Dio un paso adelante, su voz un susurro ás
voz, un temblor recorriéndola-. ¿Y qué hay de
zo de emociones conflictivas: ira, frustració
vacilación, soltó
o que estoy sangra
mi voz apenas un susurr
amente, las lágrimas
, Javier! ¡Est
. Mi mundo giró más rápido, amenazando co
egría incipiente, cruzó el rostro de Javier. Miró a Carla, luego
as. La tomó con cuidado en sus brazos, sosteniéndola como si fuera de cristal frágil. Una sonrisa
e irte -logré decir, con la v
urrucada de forma segura en sus brazos, una sonrisa triun
ntras pasaba a mi lado, sin siquiera mirarme-. Y no hagas
i equipo legal entraron en el vestíbulo, lideradas por mi formidable abogado, el
o, su voz tranquila y precisa-, pero creo que la situación se ha acla
e se había detenido en el umbral, cl
ensa por la impaciencia, todavía acunando a Carl
ta es una orden judicial. A partir de este momento, todas sus acciones en Innovaciones Mon

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