l sello todavía cubría mi lengua, un recordatorio constante de la humillación-. ¿Quieres
pasándose una
o un sello tonto. -Extendió la m
en lugar de desvanecerse, pareció extenderse, manchando mi piel y haciendo las grotescas palabras aún más promine
a, soltó una risita que rápidame
a artificial-, no olvides la gala de beneficencia de
í a ella. Sus ojos se iluminaron, el fastidio se
eramente, una capa de preocupación ensayada-. Alejandra, deberías irte a casa y desca
ubiendo de tono-. ¿Quieres q
o despectivo
pectáculo. Vete a casa. Discutirem
que me quemó el alma. Ella me lanzó una mirada de suficiencia y
zamente dulce, llegó hasta mí-. Cuidaré muy bien de t
e sola en la oficina estéril y silenci
té, mi voz ronca, resonando en la habit
se asomó de nuevo, su rostro grabado c
Suspiró-. Te llamaré más tarde, ¿sí? Solo... intenta ser razonable. -Y
rrada, oí la voz de Carl
a. Tengo miedo. ¿Y si in
r fue un murmullo gra
. No dejaré que te toqu
ravesaron como mil cuchillos. La estab
renda, la secretaria, levantó la vista, su
negro, ¿está.
a sonris
en, Brenda
alto, aunque mi corazón se estaba
. Me miré en el espejo retrovisor. El sello rojo me devolvió la mi
l vestido que Javier me encargó. El de alta costura. Y necesito u

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