img El Amor Equivocado  /  Capítulo 4 Sin dignidad | 0.30%
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Historia

Capítulo 4 Sin dignidad

Palabras:1288    |    Actualizado en: 29/05/2020

nado afuera de su casa. Quincy estaba parado a un lado del auto

, arqueó las cejas y

sin esperar respuesta, se volt

nta de que ella se quedó quieta con la cabeza gacha. Wanda no pudo evitar mirar por última vez la casa en la que había vivi

ías regresar a casa a ver a tu patético tío", dijo Quincy de inmediato al ver la exp

co afligida en ese momento. Su tío era la única familia con la que contaba. Durante muchos años, había sufrido por la pérdida de su familia,

a ganar dinero, por eso nunca había tenido amigos ni había salido

la vendiera, su tío accedió sin dudarlo siquiera por

ue quizá para él, en efecto, er

observó en silencio. "¿Te sorprendió el cómo resultaron las cosas? Todo esto también

pase en ella no tiene nada que ver con usted. Ahora estoy aquí. Así que por favor, deje de mir

uda se trataba de una mujer atrevida. Era la pri

n cerca de un hombre, en especial, de un hombre tan peligroso. Ella se apretó contra la ventana, para por

guetona se formó en los labios de Quincy. "¿Estás

a, ella exhaló un suspiro de alivio. Él tenía razón, ya que le tenía miedo. Él le daba muy mala vibra y Wanda sent

rrucó más cerca de la ventanilla y le pregun

pentino. Aunque, pensándolo bien, ¿aquello había sido por el viento frío rozándole la cara o por su innegable timidez?

dos por la piel clara del rostro de Wanda, quien abrió los ojos de par en par, cas

enzó a sentir mucho miedo. "La única razón por la que estoy aquí es porque intento trabajar para pagar mi

a se quedó pegada a su cuerpo, sus caras estaban tan juntas que sus respiraciones comenzaron a mezclarse. Wanda estaba asustad

es tan ingenua? ¿O es que te estás sobrestimando? Debes saber que no soy un filántropo. Lo único que me importa son mis intereses

do el auto, sus ojos se llenaron de lágrimas de inmediato. "Señor Qin, ¡prometo pagarle el dinero lo ant

a barbilla y continuó: "No me gusta cuando me desafían. ¡Será mejor que recuerde

y no estaba dispuesta a soltarla. Después se le quedó viendo a Quincy con consternación y desesperación al m

cidido, te cortaré la mano y te arrojaré a la piscina. Por cierto, en un momento te diré qué es la piscina". En eso, Quincy se inclinó hacia ella y son

emás, evidente que él no estaba fanfarroneando. Si era capaz de decir algo así, era por

r algunas lágrimas. Pero rápidamente extendió una de sus manos para limpiárselas. Si lloraba frente a él, le daría más razones para burlarse de el

lugar lleno de suntuosidad y depravación en South Sea City y a la vez un paraíso para los hombre

rialdad y ella se veía llena de determinación en los

que en el momento en que se atreviera a poner un pie

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