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Historia
La Reina del Dragon

La Reina del Dragon

Autor: cibene
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Capítulo 1 Chapter 1

Palabras:1642    |    Actualizado en: 08/12/2021

pte

joven me encantaban: los fajos de papel en cajas de cobre, los pergaminos empastados en los q

bios del cielo. Resistíamos las hambrunas en primavera y festejábamos la abundancia que el otoño nos ofrecía. De día vivíamos bajo el sol, cuando éste lucía; y bajo la oscura lluvia y las tenues neblinas si no lo hacía. Nos cantábamos melodías que alcanzaban los cielos alzadas por el sol, la luna y las estrellas, y ob

s veces no era así. Cuando hacía frío, nos reuníamos alrededor del fuego y contábamos magníficas historias de amor, de guerra, sobre el horror y la maldad, de dioses y héroes, que a veces superaban a los mismos dioses con su inquebrantable valentía y espíritu de sacrificio. Sí, es cierto, admiraba los

elas alisan la madera, la cuchilla la corta y la espátula limpia las pieles. Pero un conjunto de palabras puede no tener ningún sentido. Por eso debemos regresar a la música, la danza, el hambre, el deseo y el amor, para que no olvidemos quiénes somos y por qué. Debemos sentarnos alrededor del fuego y contar historias, historias de hombres y dioses, y con ellas aprender a vivi

*

ue la fortaleza, las rocas se alzaban sobr

ningún asalto -dijo

observando los impresionantes muros d

asediarlo -continuó el cap

ado a decir más de lo que fuera absolutamente necesario. Las Personas a las que servía necesitaban toda la protección posible. No solo por los recaudadores de los impuestos imperiales, sino también por los caudillos bárbaros que tan diligentemente servían a los intereses de aquellos

ndo me permitieron traerlo hasta a

esolver con Vortigen

de lo normal. Vortigen es el gran rey de Inglaterra, y parece que lo conoce por su nombre. No, no, mi señor Maeniel, no hay nada raro en todo eso. Sin emba

sintió so

iendo. Todos esos sajones... -dijo el capitán,

l muelle, mientras otros dos amarraban el barco de pro

navegaremos con la marea. No me queda

jos semicerrados. El hombre que sujetaba e

aríamos de la hos

aré -respondió el capitán-

desde la bor

ia, ¿verdad? -pre

nes para nada. Podríamos quedarnos por lo me

egaremos a Vennies al amanece

los remos, su compañero se encogi

aremos en casa. Todos los casados podréis tirar a los amantes de vuestras mujeres por la ventana y ech

alejándose con la

ndieron en lo alto de la muralla el olor de los cuerpos que se hacinaban en los barrios de piedra y que no tenían la costumbre de lavarse

ciado las ocasiones de ganar dinero una vez que llegaron a Britania, recogiendo a viajeros a lo largo de toda la costa y llevándolos hasta la isla. Pero con la caída del sol había empezado a ponerse nervioso. Maeniel conocía los síntomas a la perfección. Al capitán se le erizó el cabello de la nuca, tal y como le pasó a Maeniel la primera vez que vio la fortaleza. El capitán no habría podido decir por qué, y tampoco Maeni

ó a su lado e hiz

e la túnica de seda de Maeniel y su pesado manto de

el as

onducirá a la ciudadela; pero antes de que vayáis,

pero en la creciente oscuridad adivinó las figuras de dos hombres det

persona que ha de

vió a hacer u

el rey, al menos esta noche. Se guardarán en las cámaras de la fortaleza

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