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Historia
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Autor: Eva Correa
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Capítulo 1 La noche donde todo comenzó

Palabras:1731    |    Actualizado en: 08/02/2022

e las estructuras encen

la noche mientras el río seguía co

r su abundancia, muchos ojos cristalizados se vieron en los reflejos de su

re el bello puente

o en su camino

stidos se alzaban entre esos torpes pasos y muchos

ada grisácea. Elevo en sus labios una pequeña sonrisa mirando todo a su alrededor con

ndo que sus sutiles aromas sean delicados roce

alegría. Una mujer cantaba a su lado anonadando a los presentes, hombres solteros suspiraron mirando a la bella mujer d

multitud más su voz fue

provocando torpes caídas y maldiciones que brotaban de sus labios. La mujer de cabellos neg

do ser y recibiendo m

amor y otras que tímidamente se sonrojaban sosteniendo sus manos. Hasta que sus ojos gr

stada voz surgió el

ban en medio del salón y estas frenaron provocando el pronto silencio en el lugar. El bullicio fue callado como si la tensión cr

rodillas sin ser capaz d

Doromila? -frí

murmullos surgieron. Ojos curiosos se cruzaban tratando de ente

dijo el rey mostrándose impo

de volver a decir palabra alguna por el mied

os se alzaron y las

Doromila -dijo el rey

a su rey arrastrando un bello vestido amarillento que brillaba entre los presentes más sus pasos elegantes fren

ban, los presentes esperaron ansiosos que alguna palabra brotara de es

suave tela azulina donde algunos bordes dorados se marcaban con elegancia, su corona dorada

era

mente ordenara t

n ocultos, una voz retumbo provocando su pronto abrir mas no que esos

curiosos seguían sus pasos y los murmullos no eran capaces

tiempo bailaron lentamente y otros se mantuvieron quietos como los cuerpos de los presentes. Ella freno y

aterciopelada y con un br

sus labios ocultos una pequeña

tan brillante. Sobresalían entre la oscuridad unos cabellos castaños, apagados y sucios, pero que entr

muchedumbre ocultándose detrá

sin mostrar su e

uardara silencio?

ete por favor -ella negó moviendo sus dedos blanq

rápidamente de pie y temblorosa miro a su rey,

r en silencio más parecía que la mujer pod

ose de melancolía, se volvían opacos y los ja

oz sollozante cuesti

ma y fue como si la melodía de la noche desapareciera entre ellos. Los cielos fuero

i los cielos estuvieran rompié

sostenía entre sus manos a su pequeño niño que aferrán

er de cabellos dorados que había en

carcajeo con esa voz aterciopelada y su

susurro del cual esperaba que nadie fuera capa

siabas! -grito el rey har

os dedos -. No fue lo que pedí, incumplieron lo p

se mantenían ondulados y brillantes sobre sus hombros. Los bellos ojos achocolatados que ocultaba bajo esas delgadas pestañas

ruzo sus ojos frí

rarla para observar como el rostro de aquel

nte su rostro. Sus labios se mantuvieron lue

queño recordatorio -murmuro girando sobre

que desaparecía pronto por esa grisácea noche donde los estruendos seguían siendo

ar las preguntas, algunas voces se ahogaron en l

vi

del palacio mientras los cielos furiosos retumbaban

us ropajes moviéndose ante el viento y sus fr

nal -pronuncio nuevamente con esa voz aterciopelada y delicada como si

atacar las estructuras grisáceas de aquel palacio. Ojos curiosos surgieron desde los ad

eas emprendi

siguió

se mantuvie

envolvió e

os y mostrar sus dientes blanquecinos. Esas perlas que brillaron en

o no volvi

an fríos y enfurecidos. Apretó sus labios y se mostró impo

go y solo el vi

ullos pidiendo que esa cruel tormenta disminuya, sin e

istalizados lo miraron ansiosos de sentir su cobijo. Él solo pudo suspirar ante

tierras. Todo se detuvo en sus pieles, los cabellos dejaron de envejecer, los ojos s

a n

a m

el tiempo dejo de cor

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