Libros y Cuentos de Qing Ye
Mi Boda, Su Humillación: El Precio del Desdén
Durante doce años, me dediqué en cuerpo y alma a Viñedos Montenegro y a Mateo, el hombre que amé desde la infancia, sacrificando mis sueños por él. Faltando solo días para mi trigésimo cumpleaños, y la promesa nunca cumplida de Mateo de casarse, descubrí la cruel verdad. Lo escuché llamarme "tonta útil" y "perro faldero" a mis espaldas, mientras planeaba su boda secreta con Isabella, la superficial secretaria. Mis amigas me felicitaban emocionadas por la "gran celebración" y "sorpresa" de Mateo, ajenas a que se refería a su enlace y no al mío. Luego, en el Registro Civil, vestida de novia, fui recibida con burlas y una bofetada pública de Isabella. ¿Doce años de lealtad para ser tan solo un objeto despreciable? El dolor era agonizante, pero con cada burla, una claridad brutal me invadió. Con voz firme, le exigí a Mateo que confirmara su boda con Isabella frente a todos. En ese instante, como un torbellino de elegancia, llegó Alejandro, mi verdadero prometido, para proclamarme suya. Tomados de la mano, entré a mi nueva vida, dejando a Mateo atónito y humillado, listo para saborear su propia amargura.
El Castigo de Amor
El aroma a cilantro y la risa de Javier llenaban "El Sazón del Alma", nuestro sueño, nuestra vida. Éramos los chefs del momento en la Ciudad de México, nuestro amor, el ingrediente secreto. Pero una noche, una llamada helada lo cambió todo: Javier, accidente grave, Hospital Central. Corrí, cada semáforo en rojo era una tortura, cada minuto una eternidad. Al llegar, mi corazón se detuvo: Javier en la cama y, a su lado, Valentina Díaz, mi eterna rival, aferrada a su mano con asquerosa familiaridad. "Cuidando a mi prometido, ¿tú qué crees?". Ella sonrió, viperina. "Javier, ella es Sofía, una empleada obsesionada. Sácala, me duele la cabeza". Javier me miró con fastidio: "No sé quién eres, ¡lárgate!". Fui arrastrada del hospital, humillada, rota. Valentina, susurró: "Él es mío, y el restaurante también. Te quedarás sin nada". Los días siguientes fueron un infierno: me quitaron todo, me dejaron en la calle. Pero en la oscuridad, una pequeña luz: estaba embarazada. Un pedacito de Javier y mío. Con la prueba en mano, lo busqué para compartirle la noticia, pero él, aún bajo el hechizo de Valentina, me empujó, negando a nuestro hijo. Días después, un coche me atropelló. Desperté en el hospital, y el doctor me dio la noticia: "Perdiste al bebé". El mundo se desmoronó. Esa noche, el destino me reveló la cruel verdad: Valentina, en una llamada telefónica, confesó que todo era un plan, que la amnesia de Javier era temporal, que me había robado a mi esposo, mi restaurante y, ahora, a mi hijo. No había lágrimas, solo una calma helada. Dejé una nota a mi madre y me fui, sin mirar atrás. En la soledad de un pueblo costero, sanaba, o eso creía, hasta que Javier apareció, buscando llevarme de vuelta a una macabra farsa para "salvar" a Valentina. No entendía cuándo se había convertido en su títere. Cuando se fue, el doctor Ricardo me reveló la verdad: Valentina planeaba extirparme el corazón, literalmente. Fui secuestrada, atada a una silla, mientras mi sangre fluía en lo que creí era un trasplante para ella, y Javier... Javier la miraba con amor, ajeno a mi tormento. Al salir, Javier me ofreció dinero, humillándome. Rechacé sus sucias monedas y le juré que no me pisotearían más. Su boda era inminente. Intenté luchar, pero él, ciego, se puso de lado de Valentina, enviándome al "Pozo de las Lamentaciones", una prisión de torturas. Allí, padecí el silencio, la vanidad, el frío, la soledad y el arrepentimiento. Luego, él apareció de nuevo, llevándome a su mansión, una jaula dorada. Y escuché la verdad: Valentina necesitaba un trasplante, ¡y querían mi corazón! Me desmayé. Al despertar, era el día de su boda. Destrocé cada foto de nuestro pasado y arrojé nuestro dije del sol. Sofía Rojas, la enamorada, moriría ese día. No dormiría. A medianoche, Javier entró, susurró promesas vacías, un beso de Judas en mi frente. Me fui, dejándolos en el altar, caminé hacia el Puente del Olvido, bebí el Agua del Leteo. Me arrojé al río, un paso hacia la libertad. El mundo se desvaneció. Para él, yo ya no existía. En su desesperación, Javier corrió al río, pero era tarde. La guardiana le reveló: "La mujer que buscas ya no existe, te ha olvidado para siempre". El golpe lo destrozó. Quiso seguirme, pero no lo dejaron. Valentina llegó, furiosa por ser abandonada en el altar, y la guardiana, revelada como una deidad, la desenmascaró: era una traidora cósmica. El odio de Javier explotó al ver las visiones de su engaño, cada cruel manipulación. La justicia divina actuó: Valentina fue borrada de la existencia. Javier, sentenciado a cien vidas de sufrimiento, a perder su amor una y otra vez. Y yo, la Señora de los Soles, renacida y sin recuerdos, fui designada para supervisar su castigo.
El Precio de su Traición
Mi nombre es Sofía Morales, "La Jueza del Pueblo" , venerada por cien victorias judiciales. Pero aquella sensación de triunfo se desvaneció al abrir la puerta de mi oficina, donde Daniela Reyes, la hija de mis mentores Carlos y Elena, sostenía mi preciado "Libro de los Casos Perdidos" . En un instante, recordé. No era un simple recuerdo, sino la pesadilla de una vida anterior: la traición de Carlos y Elena, mi ceguera al entregarles el libro, y cómo Daniela lo usó para liberar criminales y condenar inocentes, destruyendo mi reputación y mi licencia. "¡Ladrona!" Fui acusada públicamente, despojada de todo y encerrada en una celda fría y húmeda. La injusticia me consumió hasta la muerte. ¿Cómo había podido confiar ciegamente en quienes me traicionaron de la forma más cruel, aquellos a quienes consideraba mi familia? Pero entonces, desperté. Estaba de pie en mi oficina, justo antes de esa traición. El dolor de esa vida pasada ardía en mí. Esta vez, juré en silencio, no habría confianza ciega. Desenterraría la verdad y los haría pagar, a todos ellos.
No Más Pobreza, No Más Sumisión
Morí ahogada en el Atlántico, un mar que ya me había arrebatado a mi hijo y a mi suegra. Mi esposo, Javier, me había abandonado en la pobreza de Andalucía durante cuatro largos años, viviendo una vida de lujo con su amante y la hija de esta en Canarias. Mientras malvendía mi sangre en el mercado negro para las medicinas de mi hijo enfermo de talasemia, él celebraba cenas de marisco y vivía en una villa. La noche que regresé con el dinero para el medicamento, encontré la tragedia: una ola gigante se había llevado a Carmen y mi pequeño Mateo había muerto por falta de su dosis. Javier apareció para el funeral, reprochándome mi inutilidad y elogiando la "gratitud" de su nueva familia. Me divorció en una semana para casarse con "la viuda de un compañero caído", una sonriente Isabela. Esa noche, con el corazón destrozado, me tiré al mar cargada de piedras. Pero entonces, abrí los ojos. El olor a sal y pobreza me asaltó, Carmen tosía débilmente y Mateo, aún con labios azulados, respiraba a mi lado. Estaba viva. Había vuelto. Tres días antes de que murieran. No más mercado negro, no más sumisión. Iré a Canarias, lo enfrentaré y recuperaré lo que es nuestro.
