Brianna, empezó la universidad. ¿El problema? Su ex marido es el profesor de una de sus asignaturas. Brianna no solo tendrá que lidiar con las sensaciones de su corazón; deberá intentar no caer en las tentaciones que Teo le da: cada vez que se acerca. ¿Será pasión o amor? Esteban es consciente de pronto: la está perdiendo para siempre. ¿Querrá volver con su ex esposa, cuándo el mismo le pidió el divorcio? O solo la empezará a valorar, ahora que la ve acercándose con alguien más.
En la universidad, era bastante recorrido en ese instante. Me encontraba en modo planta: tendrÃa las clases con Esteban. Suspiré, di un gran bocado de aire y me sale mientras .s El problema es que pensé que alguien me estaba sosteniendo de la parte de atrás, porque a pesar de que daba largos pasos: no avanzaba. Frustrada y enojada, me gire encarando a la persona que me estaba deteniendo, pero no no era nadie. El picaporte fue el causante.
Puse los ojos en blanco dándome cuenta de mi torpeza. Empecé a dar grandes zancadas, en dirección a la mesa. Busque el asiento del medio, no querÃa que Esteban me viera tan de cerca. Suspiró, la verdad es que es un poco difÃcil: en este dÃa, después de haber conocido a Teo; habÃa sentido algo especial por el.
Ni siquiera yo me entendà en ese instante:
¿Por qué mi corazón habÃa latido con tanta prisa? Sucedió en cuanto cruzamos las manos.
Lo peor de todo, es que estaba ansiosa por tener la hora de su clase. Lo único malo, es que todos cuchicheaban que pasaba algo entre el profesor y la estudiante.
La estudiante era yo y el profesor obviamente era Teo.
Esteban ingresó, en cuanto lo hizo o un silencio sepulcral, pero no era tan asÃ, sino que hubieron muchÃsimo suspiros y empezaron los cuchicheos de pronto.
Esteban, carraspeo.
Al parecer queriendo ganar la atención y silenciando a todos los presentes.
Las chicas: hicieron caso. Simplemente sé quedaron observándolo con una baba en el rostro.
¡No lo negaré, yo también!
Yo podrÃa llegar a jurar: si no me controlaba estarÃa largando baba por el; es que mi ex marido, pero estaba muy bueno.
<<¡Cálmate Brianna!>>
En este dÃa, tiene puesto un suéter de color marrón, pero es ajustado entonces uno puede notar todos los músculos que tiene.
<<¿Quién no fuera su ropa?>>
Empiezo a suspirar , una boba, y la mayorÃa lo hacÃa. Parecemos un rebaño de ovejas.
Cuando entré en razón, al ver sus ojos azules cruzarse con los mÃos: me senté recta y me puse a escribir cualquier tonterÃa en mi libreta.
Cuando me empecé a dar cuenta: escribÃa una y otra vez Esteban.
"Esteban"
"Esteban o Teo"
Puse los ojos en blanco y gire hacia otra hoja. La anterior: la hice un bollo. Por desgracia, cuando después de que el profesor terminó de dar la charla, aquel bollo de papel cayó hacia un costado.
<<¡Ay no!>>
En el instante preciso en el que Esteban pasaba por mi lado.
Miré aterrada, este serÃa mi fin. Esteban, con curiosidad se inclino a la altura de mis rodillas y tomó aquella pelota improvisada. Él sin ningún tipo de prisa lo empezó a desenrollar.
-¡No! -grité y todas las miradas curiosas se pusieron en mÃ.
Esteban levantó las cejas al parecer confundido y me miró.
-¿Qué tiene este papel señorita que no quiere que lo lea? -quiere saber con curiosidad.
-Nada, solo que...
-¿Qué cosa?
-Ni siquiera sabe responder. Entonces es más que justo que yo lo vaya a leer.
-No tiene nada, eso lo que...
-¿Qué tiene escrito? eso es lo que que quiero saber.
Con una ceja levantada me interroga.
-Qué es... es...
-Me lo llevaré, debido a su falta de respuesta.
En ese momento Esteban se dio la vuelta y a pesar de mis protestas se sentó en la silla. Detrás del escritorio.
Mi corazón empezó a latir con prisa, nada por suerte la atención que estaba sobre mÃ: disminuyó y todos empezaron a hablar entre ellos.
-¿Que tiene escrito? -pregunta Carla mi amiga.
-Carla, es mi sentencia de muerte.
-De igual forma al parecer aún está hecho un bollo, seguro que tienes la oportunidad de quitarselo -comenta carla.
-No lo sé. De igual forma tengo que acercarme a él para quitarle: el bollo de papel, asà no será mi fin -lloriqueo, escondiendo mi cabeza en el pupitre.
-¿Qué es lo que tiene? Digo , para que estés asà -pregunta Carla.
Carla, es mi mejor amiga. La verdad es que la conozco hace poco. Pero de igual forma, se ha convertido en alguien importante para mÃ.
-Dice...
-¡Ya dime el misterio! -elevó el tono de voz, todos la miraron por un leve instante.
-Esteban con muchos corazoncitos, si.. hay muchos Esteban escritos. Pero hay algo peor que eso -comento.
-¿Qué es peor que poner el nombre de tu profesor con corazoncitos? -quiere saber.
-Puse el nombre de Teo y Esteban los dos juntitos, cómo si tuviera que elegir entre uno de los dos.
- Eso sÃ, es trágico, sabiendo que él es tu ex marido -dijo en voz baja.
Asenti, se bien que ese serÃa mi fin. Lo peor de todo, es que después le tenÃa que llevar a Ana su caso.
¡Qué vergüenza!
Yo creo que me voy a morir en este instante de un ataque cardÃaco.
Me puse de pie, por fortuna estaban todos haciendo un trabajo práctico.
Tuve esa valentÃa cuarenta y cinco minutos después de que hubiera ocurrido ese suceso.
Me acerqué, sin saber muy bien que decir, con una hoja la mano fingiendo que tenÃa una duda. .
Esteban levantó la barbilla, dirigiendo sus ojos hacia mi. No tenÃa ningún tipo de expresión en el rostro y mis nervios incrementaron.
-Esteban...
<<¿Cómo le voy a decir: Esteban?>>
-Digo profesor...
-Sà dime alumna. -contestó recalcando la palabra "alumna"
<<Incluso esa palabra, suena bien en sus labios>>
-Es que tengo una duda respecto a una pregunta.
-Dime , ahora te explicaré...
Mientras él me explicaba al respecto a las plantas: , la fotosÃntesis; yo miré de reojo que el bollo de papel aún estaba de su misma forma.
Empecé a estirar mi mano, con disimulo viendo que él estaba concentrado en explicándome. Cuando me faltaba tan solo centÃmetros Esteban, desvÃo la vista de mis ojos y los dirigió hacia mi mano estirada.
<<¡Ay no!>>
-Me quieres venir a robar el bollo de papel ¿verdad? -quiere saber el.
De pronto sonó la campana, suspiré, aunque no obstante cuando estuve a . de alcanzar el papel: Esteban lo tomó con su mano.
<<¡No!>>
Mientras todos los estudiantes salÃan, yo me quedé , si estuviera en penitencia frente a su escritorio: parada, pálida y sin saber muy bien que decir.
Sentà una mano detrás de mi, que era de Carla dándome fuerza.
Esteban cuando vio que todos los estudiantes se marcharon, aliso el papel. Su mirada serÃa se transformó en una con sorpresa. Lo miré aterrada, mis ojos y mis labios se pusieron una lÃnea recta.
-No entiendo porque dice: Teo o Esteban ¿Acaso es un tipo de comparación? -quiere saber el confundido.
-Si... bueno no, es solo...
-Briana ¿Te gusta el profesor Teo? -quiere saber Esteban sin temblarle la.voz.
-No... en realidad me gusta otra persona.
Esteban me miró con sorpresa.
<<Creo que la empeoré más>>
-¿Te gusta otra persona que no sea yo o Teo? -pregunta más confundido. -.
-No es que no me gusten, es decir no es que me gusten los dos.
- Entonces por lo que te estoy entendiendo , me estás diciendo que...
-SÃ, me gusta otra persona que no es ni tú ni él -declaré finalmente.
Aunque eso era una total mentira.
Aún continúo enamorada de Esteban , el primer dÃa.
No podÃa evitar suspirar una y otra vez por el.
-Supongamos que te creo Briana, de igual forma no es asunto mÃo. Pero por estar distraÃda: te haré tarea hacer un trabajo práctico.
-¿Que? ¿por que? -empieza a protestar.
Sin darme cuenta estoy frente a el, sosteniendo la hoja de papel.
Esteban me mira con sorpresa, sin entender muy bien porque estoy a pocos centÃmetros de su cuerpo, y tironeando del.
-Si no tienes pruebas, no me puedes castigar.
Entonces seguà insistiendo en tomar aquella hoja de papel, el mismo tironeo de un lado al otro y yo hacÃa mi.direccion. De tanta fuerza, la hoja se partió en dos pero el problema es que no me caà hacia atrás, sino hacia delante, a los brazos de Esteban.
El mismo miro con sorpresa, en el momento que pude sentir sus manos en mi cintura desnuda. Yo tenÃa puesto un top con un pantalón tiro alto.
No pude evitar estirar mis manos hacia arriba y abrazarlo con fuerza. Después de muchos meses: era la primera vez que los dos tenemos contacto de cerca.
No entendiendo muy bien porque mi corazón: de pronto se acelero de esa manera.
No podÃa quitar mi vista de los ojos de Esteban, incluso mis ojos bajaron hacia sus labios, los cuales lo traÃa entreabierto.
Esteban me sostenÃa de la cintura, ninguno de los dos decÃa nada; solamente estábamos ahà mirándonos. En un momento, Esteban al parecer se dio cuenta de la realidad y dio un paso hacia atrás y yo me puse recta en mi posición. Aún sostengo el trozo de papel que tenÃa entre mis manos, no sin antes mirar que decÃa "Esteban o Teo".
-Está bien, pero la próxima vez te castigare.
Lo dijo en tono serio copa pero no pude evitar reÃrme divertida.
-¿De qué manera me castigará profesor Esteban? -dije en tono coqueto.
El trago saliva incómodo, con mis ojos seguà su manzana de Adán, subir y bajar.
-Con... dos trabajos prácticos, señorita Briana. Asà que por favor ¿me puede dejar solo?
Puse los ojos en blanco y me alejé dando zancadas largas hasta llegar a la puerta. Cuándo cerré la puerta, sabÃa que estaba en un serio aprieto.
No querÃa darle entender a Esteban que aún seguÃa enamorada de él, pero tampoco le querÃa hacer entender que pensaba en otra persona.
Suspire.
De igual forma no me deberÃa interesar puesto que los dos estamos divorciados. Pero una parte de mi, aún tiene la pequeña y minúscula esperanza de que el aún piensa en mÃ.
A verdad todo era un poco más difÃcil de lo que pensaba, ya pronto puedo ver a Teo: el profesor dar la vuelta con prisa.
La curiosidad pudo más que yo, a pesar de que me dije a mà misma que no debÃa meterme en donde no me correspondÃa.
Ya me encontraba corriendo detrás de él. QuerÃa saber porque tenÃas ese semblante tan triste y al parecer se dirigÃa a la azotea. Donde yo lo habÃa encontrado con anterioridad. Con curiosidad, empiezo a subir los peldaños restantes hasta llegar a su lado.
-Otra vez aquà -le hablo despacio.
El levanta la vista de sus ojos están algo brillosos.
-SÃ... otra vez aquÃ.
-¿Estás bien? en realidad te vi bastante pálido y con un semblante triste. Solamente me preocupé.
-Debes ser la primera persona y única, que se preocupa por mi... gracias.
-¿Por qué no me preocuparÃa por ti? pareces una buena persona; además me agradas , profesor y eres muy paciente ¿Quién te hizo poner triste? Puedo... conseguir una pala ¿Quieres? -Quiero saber.
-¿Una pala?
-Pues si, para enterrar al que te lastimó.
Teo se rió, aunque después al parecer al recordar, su semblante se volvió triste
-Es siempre quise encajar entre los profesores ¿sabes? Siempre ingreso a la sala de profesores, tomo una taza de café con la esperanza de que alguien se dirige hacia a mà me hable, pero no es asà Briana, la mayorÃa me ignora y no deberÃa estar contandote esto eres una alumna de la universidad. Pensarás lo peor de todos. Aunque Esteban, si me habla.
<<Esteban siempre tan dulce>>
- No te preocupes. Yo tengo mi propio auto criterio y me parece mal que hagan eso. Aparte eres guapo, no entiendo por qué.
-Acabas de decirle a un profesor: que es guapo -comenta divertido.
-Pues le acabo de decirle a otro profesor, que me gustaba otra persona que no era él y es mi ex marido.
-¿Y cómo es que llegaron a esta conversación? -dice confundido.
Abro los ojos con sorpresa, tampoco le voy a estar diciendo: que era porque puse su nombre y el de Esteban.
Me quedé en silencio, él me mira con curiosidad y empieza a acercarse a mi. Di pasos dos hacia atrás, hasta chocar con la pared del final. Mis ojos se abren con sorpresa en su dirección; la verdad es que no sé porqué motivo, tenerlo cerca: me pone nerviosa.
Ni siquiera con Hernan me ha ocurrido esto.
-Pues... eso no es algo que te importe a ti -digo en forma defensiva.
-Tienes razón, pero , tú te has preocupado por mÃ; yo también me preocuparé por ti -comenta con tanta dulzura que me derrito.
-Es... porque escribà Esteban con muchos corazones y en un costado izquierdo escribà Esteban o Teo -declare sin parar de hablar.
El profesor me mira con sorpresa, y se aleja de mà dando pequeños pasos bastante, al parecer, nervioso.
<<He metido la pata hasta el fondo>>
-¿Hay otra persona que se llama Teo...? -quiere saber algo confundido sin mirarme.
Se acerca al borde de la media pared, dónde uno si se asoma puede caer.
-No, es por usted.
Se gira con las mejillas sonrojadas. Incluso en ese instante me parece adorable.
<<Es muy lindo>>
-¿Por qué mi nombre...? -quiere saber.
-No lo sé Teo, pero desde la primera vez que lo vi: es , que mi corazón latió. Hace mucho tiempo que no me ocurrÃa eso; además de con Esteban. Ni siquiera con... Hernán. Él fué la persona más cercana que estuve, la verdad es que ni yo mismo me entiendo.
Le sonreà débilmente y él en ese momento, me miró aún más confundido. Se acercó dando pequeños pasos hasta mi lado, sostuvo mi mano y la apretó con fuerza. Yo lo miré sorprendida por ese gesto: en parte era insignificante pero para mà significaba mucho en ese momento.
-Es la primera vez que alguien me dice que soy guapo y que le hago latir el corazón.
Lo miré con sorpresa a decir verdad el tÃo, no era feo: es verdad que era muy alto; tenÃa unas gafas que no le dejan ver su rostro, el cual era muy varonil; tenÃa facciones muy bonitas. Además cuando hablabas con él, te das cuenta de que era una persona muy especial.
-Pues si nunca te han dicho eso es porque son unos tontos. Ellos solamente deben ver la apariencia exterior. Eres muy dulce, además seguramente que sà tenemos un recorte en el cabello -empiezo a decir divertida -y te quitáramos esas gafas, serÃa algo práctico finalmente.
Él se rió.
Me quedó embobada mirandolo, se reÃa el profesor. A decir verdad hace mucho tiempo que no sentÃa esa sensación. Y mejillas se sonrojaron, la verdad es que en ese instante, ni siquiera yo entendà a mi propio corazón.
Después de unas horas fingiendo amor frente a su jefe y de un pico después de decir "acepto", la noche pasó sin ningún otro contratiempo. Se marcharon en un Ford descapotable de los años sesenta y finalmente llegaron a la casa de Lionel. Tan pronto como pisaron el suelo, él la observó con aburrimiento y se giró para irse a dormir. No le gustaba estar rodeado de personas, a menos que fueran bailarinas en poca ropa. -¡Oye! -protestó Alexa, pero él no se giró para seguir avanzando-. Se supone que estamos casados -murmuró temblorosa. Finalmente, él se detuvo y Alexa se acercó a pasos firmes, rodeándolo. Lionel bajó la vista para fijarla en ella. Le resultó... ¿Bonita? Supuso que ese era un adjetivo acorde a esa mujer, aunque le parecÃa insoportable y aquello restaba la belleza que poseÃa. -¿Qué? ¿Quieres acostarte conmigo? -preguntó él. Ella levantó una ceja para negar, pero ya era tarde. Lionel la tomó entre sus brazos y la recostó sobre la pared. Una mano detrás de su cintura bajó hasta sus glúteos y los apretó. Alexa rodó los ojos para darle un empujón. -Al cabo que ni querÃa... puedo cogerme mujeres de verdad -se burló, pero no esperó recibir un cachetazo de la dama. Alexa observó sorprendida la mejilla roja de su ahora esposo. Su piel se volvió más pálida de lo normal y retrocedió un paso, luego otro. Lionel se limpió un hilo de sangre que caÃa en la comisura de sus labios y la observó furioso. Era raro verlo asÃ. Corrió a su lado y la tomó del cuello con brusquedad. Poco a poco, Alexa pudo sentir que el oxÃgeno no pasaba por su garganta y que estaba quedándose sin aire. -P-por favor... -suplicó, pero Lionel siguió presionando hasta que la soltó arrojándola al suelo. Se limpió el saco, como si ella lo hubiera ensuciado, y se dio la vuelta. Alexa, perpleja por haber sido estrangulada por su esposo, se levantó. -¡Soy tu esposa! ¡Te guste o no! -gritó a todo pulmón. Lionel se giró, buscó algo en su bolsillo y dijo: -Bien. Ten, son diez mil dólares. El próximo mes te daré más, ahora vete. No me interesa tenerte en esta casa. -Somos marido y mujer. Merezco y debo estar aquà -susurró con la voz quebrada y los ojos llenos de sufrimiento. Él le lanzó una sonrisa ladina mientras avanzaba, pero ella, a pesar de temblar por ese hombre, no se dejó intimidar. -Entonces... -comentó mientras bajaba el cierre de su pantalón, sacando su enorme miembro frente a ella-... mételo en tu boca... -canturreó divertido. Lionel se rió de la desgracia de aquella mujer. Y ella lo sabÃa.
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