img El Regreso de la Exesposa  /  Capítulo 4 No.4 | 4.44%
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Historia

Capítulo 4 No.4

Palabras:1449    |    Actualizado en: 08/11/2024

ados intercambiaban miradas inquietas, murmurando entre ellos sobre el inesperado an

de pie al frente de la sala. Todos los

na importante decisión que se ha tomado. Después de todo es algo esperado, tras la mu

charon en la sala. ¿Acaso Damián estaba loco? Alexander era tan exigen

xander Whitmore como sucesor de Darren Whitmore, es su voluntad y la estoy cum

xpresiones de desconcierto se apoderaron del ambiente. Alexander Whitmore, el joven y

o firme y porte imponente. Su rostro mostraba una expresión seria, casi intimidan

ó al centro de la sala. Alexander se paró frente a todo

responsabilidad para mí asumir el liderazgo de esta compañía. Sé que muchos de ustedes tienen dudas sobre mi capacidad y mi esti

recorrieron una vez más a los emp

con la empresa y una dedicación inquebrantable a l

upación. Una vez terminado su discurso, Alexander asintió levemente y

ue sintio que estaba a su lado. Una vez en el despacho, contempló la imponente vista de la ciudad que se

as condicionado, te prometo que daré lo mejor de mí

ponente edificio corporativo, se sentía invencible. De pronto Lauren vino a

. Y quiero morir. Déjame m

ó la c

ntos que su secretaria, Elena, había dejado sobre su escritorio. Necesitaba revisar los informe

cina con una nueva pila de documentos, Alexander l

escritorio -orden

te de la oficina. Alexander comenzó a revisar los documentos, pero pronto

llamando a la ate

con dureza, acusándola de incompetente y exi

no sabes hacer tu trabajo? -es

s. Alexander, por su parte, volvió a sumergirse en el trabajo, decidido a demostrar su valía como director de

*

os días. Sus ojos apagados miraban al vacío mientras las sábanas de seda la envolvían. Apenas tenía f

a la sirvienta, su único contacto con el

nder la espera para cenar. Me

egarse sería inútil. Alexander siempre se salía

mento bajaré -resp

con sus pensamientos inquietos. ¿Cuánto tiempo más tendría que

r. Nunca se molestaba en ocultar su desinterés por

scuro enmarcaban un rostro pálido y demacrado por la tristeza. Se vistió con lentitud, sabiendo que b

esa, con una expresión imperturbable en su rostro afilado. Laur

che -dijo Alexander con un tono condescendiente-. Úl

e que era precisamente su culpa que ella se sintiera tan

ía otra opción -res

bservó con una

ertas obligaciones que cumplir. No puede

pero se obligó a mantener la compostura. No serviría

star más presente -emitió sarcásti

bartulos y la

e expresas

anta le impedía tragar. Alexander, en cambio, comía con eleganc

él rompió e

al médico. Es hora de que te ha

tó la vista,

or qué? -preguntó, con un dej

pondió Alexander con frialdad-. Y tú

s. Era cierto que ella tampoco anhelaba tener hijos con Alexander, pe

lo mejor -murm

-declaró Alexander, volviend

sión en su pecho crecía cada vez más. Estaba atrapada en una jaula de la

ndose a sí misma mientras las lágrimas finalmente brotaban de sus ojos. Permaneció allí, acurrucada y temblando, hasta que fi

na siguiente, se encontró de nue

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