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Historia

Capítulo 3 Una curiosa intrusa

Palabras:1425    |    Actualizado en: 10/03/2025

e esperaba. Aún estaba considerando si la mujer representaba una amenaza, no es que lo p

os que llevaba puesto. Su cabello estaba atado en una cola de caballo de la que algunos mechone

. Ella estaba usando unas pantuflas rosas con forma de conejo. Si estaba allí para roba

ese animal fuera un arma mortal. Menos por la forma como se acurrucaba contra su dueña mientras parecía indiferente a todo. Giovanni era u

uy acorde a su inocente apariencia-. Ella es un poco traviesa y de alguna manera se l

cruzándose de brazos y ende

abían observado antes; cual fuera la conclusión a la que llegó, un brillo de miedo se había posado p

ta estaba

huyendo. No es que pudiera hacerlo, tendría que derribarlo para llegar a la pu

azó sin inmutarse ante la e

ra que alguien más metiera sus narices en sus

sonas aguantaban un poco más antes de confesar la verdad. Le sorprendió que ella hubiera logrado entrar a su departamento, no tenía la apariencia de alguien que supiera forzar cerraduras. Debía revisarlo para asegurarse de que estaba

para silenciarla y e

me decirte que el gesto que acabas de hacer

agallas -dijo dando un par de pasos hacia adelan

entrar, no vo

hará -dijo con la amen

o ir o que me vas a matar y ti

lencio, el orden y la tranquilidad. Ella parecía la antítesis de todo eso. La necesitaba fuera de su departamento cuanto antes par

desvió más abajo. Sabía lo que estaba viendo. Sus nudillos estaban algo dañados por su reciente entrenamiento. Jamás sería c

empezar a caminar. Ella se tensó como si esperara que la fuera a atacar. Pasó por su costad

o se movió hasta que el seguro de la puerta sonó. Sacudió la c

largo tiempo... o quizás nunca. Ella parecía una mujer demasiado tonta para sentir el peligro y demasiado impulsiva. Nadie en su sano juicio se in

etido. Había pasados los últimos días bajo mucho estrés y no había encontrado mejor manera para que golpear un s

nsar recordó lo que lo había llevado a ese estado para comenzar. Su progenitor había muerto días atrás y no había habido nadie más para encargarse de arreglar su entierro y saldar su deuda con el ho

escargarse otra vez. Salió del baño y sacó del armario un pantalón de franela. Después caminó ru

estaba allí. Miró hacia la pared que daba al pasillo, como si pudiera ver a través de ella y de la de su vecina. Ella era la única que podía hab

muy largo. De todas formas, ese jarrón ni siquiera le gustaba. Solo lo había tenido por muestra de cortesía con la persona que se lo regaló. Mia

ente era diferente a la mayoría de ellas. Una sola mirada había bastado para identificar que ella vivía en su propio mundo, con sus propias reglas, indifere

uando terminó fue hasta la sala y encendió la televisión. Esc

ilidad. Dejó el incidente en el

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