brado a la actividad y era difícil quedarse sin hacer nada; pero no se había sentido con ánimos de ir
, desde hace unos meses su único trabajo era ir y supervisar que la compañía siguiera en pie. No era precisamente de su agrado, lo suyo estaba en el c
e acercó para tomarlo. Era un m
n?>>, decía
s vivían y no habían tardado en hacerse amigos. Los padres de él y sus profesores no habían estado muy contentos cuando eso sucedió, debido a que Luka era responsable y nunca se metía en líos; en cambio él era todo lo contrario. Pronto los p
iguió allí. Por mucho tiempo creyó que su amigo pudo haber hecho algo mej
respondi
dentro de algunos días aparecería en su departamento y lo obligaría a hacerlo.
e arriba. Encontró el frasco de galletas que le había traído la mamá de Luka la última vez que lo visitó, lo alzó para sacar algunas de ellas. Entonces fue cuando vio el jarrón, o
er con él. Algunas ideas muy tentadoras surgieron en su
as. Su vecina podía creer que no la había notado detrás de la puerta a primera hora, pero después de años de entrenamiento podía percatarse de muchas cosas. Cuando sintió esa extraña sensación de ser observado,
o Mia levantada desde tan temprano, pero
ujer entonando una canción, ella cantaba con toda la pasión. Olvida lo de no mirar por la
l ritmo de lo que sea que estuviera escuchado y cantaba como si estuviera en un concierto.
ropa que era de su talla y pudo admirar su cuerpo. No iba a ne
cabeza. Ya había actuado más extra
ez escuchó que el sonido del pasillo
nas se podía ver el rostro de los que estaban allí. Había mesas distribuidas por todo el local, más de la
ado allí. No tenía idea de que hacía allí, él no tomaba, era un voto que había h
sentó. Ella se inclinó sobre la barra, apoyándose sobre sus manos. Se acercó de
e una mujer invadía dema
n seriedad. La mujer parpadeó
ejada. Lo cual era bueno porque quería estar solo. Giovanni le dio un sor
lugares mucho peores del que se encontraba en ese momento. Era muy bueno para gastarse todo el dinero que tenía en bebidas y luego reg
to mucho antes de que ganara su primer sueldo. No había estado más para protegerlo y le tocó aprender a hacerlo. La única vez que su padre intento pegarlo después de eso, lo había cogido de la solapa de su mugrosa camisa, ya
ó, fue esa semana y solo lo hizo por la muerte de su padre. Tenía que asegurarse de que alguien lo enterrara y vaciar el lugar que había ocupado durante ese tiempo, el cual Giovanni se había asegurado de pagar para que no
do del vaso de un solo sorbo antes de depositarlo encima de la barra. Se levantó, col
a en su reloj de muñeca y vio que era cerca de la medianoche, no se había dado cuenta de que él tiempo había p
car cuantos eran. Los pasos pertenecían a dos personas, pero no podía estar del todo seguro. Pasaron unos minutos
y entréganos tod
er esto -dijo s
e dijo q
te a él, sujetando una navaja y el otro estaba un paso más atrás sujetando un arma igual. Por la fo
ordenó su asaltante al
osición perfecta para propinarle un golpe a l
mover el cuchillo y rozarle el ros
rma resbaló de las manos de su asaltante hasta el suelo, mientras se quejaba de dolor. Giovanni lo tomó del hombro y lo inclinó ha
ba a tardar un tiempo. No quería alargar la pelea as