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Historia

Capítulo 3 Una punzada en el pecho

Palabras:1387    |    Actualizado en: 08/01/2026

Ka

Tienes que ir, no es opcional». Como si sus notas tuvieran más autoridad que las convers

las dos y ni siquiera abría los fines de semana. Que estaba enferma era otra mentira a la cara, pues mi salud era de las pocas cosas que funciona

z, todavía en su uniforme de enfermera después del turno nocturno y co

dijo-. Somos parte de esta manada, Kate. Por muy marginales que seamos, seguimos sie

abía dejado afuera desde el momento en que mi loba se b

e aparecía cuando estaba preocupada y cansada, y

or y que era lo más formal que tenía. Me cepillé el cabello y me lo dejé suelto porque no tenía energía para ha

ba lleno de camionetas caras y algunos autos deportivos de los lobos más jóvenes que le

e preguntó Meredit

nía que aparecer, quedarme un

ra para darme ánimos a mí mis

doscientas personas adentro, quizás más. El olor a lobo era abrumador, todos esos cuerpos juntos, todas esas jerarquías y

junto a una planta enorme y seguramente igual

, los Jameson que siempre estaban peleando sobre algo. Maya estaba al otro lado del salón c

del salón. El silencio cayó inmediatamente. Así era el poder de un

u voz autoritaria-. Hoy celebramos un evento imp

alabras que los Alfas habían usado por generaciones para

amisa blanca, el cabello oscuro peinado hacia atrás. Tenía esa presencia que hac

y mi loba. Habíamos estado en la misma habitación en reuniones anteriores, claro, pero yo siemp

risueño y divertido que había sido mi mejor amigo durante tod

rubia, delgada, con un vestido blanco que le quedaba perfecto. Se paró j

exactamente el tipo de mujer

os Montrose, sobre cómo este matrimonio fortalecería am

olo... sereno. Aceptando. Como si esto fuera sim

su mano. Él

itud ap

alguien hubiera halado una cuerda que no sabía que estaba ahí.

dem

las caras. Por un segundo, solo un segundo, me pareció que me veía. Que sus ojos se h

a siguió moviéndose

o había i

bablemente había comido algo en mal es

lices celebrando algo que no significaba nada para mí. Busqué a Meredith con la

ta y nadie lo notó. Nadie

de demasiados lobos en un espacio cerrado. Caminé hacia do

e tres intentos. Bien. Al

ando y el atardecer ofrecía una vista muy bonita, pero yo solo quería llegar a casa, qui

curva. Luego un ruido nuevo: un chirrido a

ni

iamente no podía escucharme-. Solo

ro ruido, este

erd

casa. Lo estacioné en la entrada y apagué el motor. Cuando intenté arrancarlo

urmuré-. Más

Maya que me llevara al trabajo los próximos dí

s viejos y una camiseta de una banda que ni siquiera me gust

uería lavar un plato después. Luego me senté en el sofá y puse la tel

n la mano en el pecho otra vez, presiona

ra. Solo mi corazó

ada. Quizás solo me estab

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