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Historia

Capítulo 5 Alma gemela

Palabras:1012    |    Actualizado en: 09/01/2026

Dy

al me dejaba a mí y a dos guardias más jóvenes recorriendo el perímetro este del territorio. Eran las

or a sangre go

de lobo

Ambos se detuvieron, y sus narice

preguntó James

medio kiló

día. No era solo el olor a sangre. Era otra cosa, algo que hacía

í -ordené-. V

mos ir c

comuníquense con mi p

cambio, dejando mis garras y colmillos sali

do. Y algo más, algo que hacía que mi lob

ritorio. Había signos de lucha en el pavimento

ro de mí: Encuentr

ios olores de lobo que no reconocía, renegados definitivam

. Voces en el claro adelant

amente, eran parte de un grupo de renegados que había estado causando problemas en territ

bierta de sangre

do levant

ltearse. Demasiado tarde. Mi primera garra abrió la garganta del más cercano, que cayó gorgoteando. El

litarias y despreciables que solo veían por sus propios intereses,

hacia la chica en el suelo. Dejé que los cob

ca abajo, su cabello oscuro cubría s

spirando. Bien

apartando el cabello

do se

Ka

Bre

a haciendo ahí? ¿Por qué est

o tenía manada que la prote

con algo que no era

conseguirle ayuda. Deslicé mis brazos debajo de e

ento en que mi piel toc

por mis venas, quemando cada nervio, cada célula. No era dolor, era más que eso: e

: PAREJA. NUE

o

no,

día estar

lvía más fuerte, y cada instinto en mí gritaba que la sost

mi cabeza: eso que estaba sintiendo era s

mela. ¿Por eso era que no p

ía perdido todo hacía siete años. Kate, que no podía hablar ni t

te en mis brazos, sangrando, heri

completo. Esos bastardos la habían tocado.

rarme de que estuviera bien. Luego iría a cazar a los que h

por a

mi hombro. Estaba tan ligera, demasiado ligera. ¿Es

ordo en mis propias costillas donde la habían pateado. Podía sentir su miedo,

aja, aunque no podía escuch

ara, con Kate segura en mis brazos y

ad de lo que acababa de pa

ma ge

en seis meses, las alianzas ya estaban firmad

darme una pareja destinada. Y

nía que hici

do de mí, conectándome a la mujer en mis brazos

era que todo acababa de cambiar

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