Dy
al me dejaba a mí y a dos guardias más jóvenes recorriendo el perímetro este del territorio. Eran las
or a sangre go
de lobo
Ambos se detuvieron, y sus narice
preguntó James
medio kiló
día. No era solo el olor a sangre. Era otra cosa, algo que hacía
í -ordené-. V
mos ir c
comuníquense con mi p
cambio, dejando mis garras y colmillos sali
do. Y algo más, algo que hacía que mi lob
ritorio. Había signos de lucha en el pavimento
ro de mí: Encuentr
ios olores de lobo que no reconocía, renegados definitivam
. Voces en el claro adelant
amente, eran parte de un grupo de renegados que había estado causando problemas en territ
bierta de sangre
do levant
ltearse. Demasiado tarde. Mi primera garra abrió la garganta del más cercano, que cayó gorgoteando. El
litarias y despreciables que solo veían por sus propios intereses,
hacia la chica en el suelo. Dejé que los cob
ca abajo, su cabello oscuro cubría s
spirando. Bien
apartando el cabello
do se
Ka
Bre
a haciendo ahí? ¿Por qué est
o tenía manada que la prote
con algo que no era
conseguirle ayuda. Deslicé mis brazos debajo de e
ento en que mi piel toc
por mis venas, quemando cada nervio, cada célula. No era dolor, era más que eso: e
: PAREJA. NUE
o
no,
día estar
lvía más fuerte, y cada instinto en mí gritaba que la sost
mi cabeza: eso que estaba sintiendo era s
mela. ¿Por eso era que no p
ía perdido todo hacía siete años. Kate, que no podía hablar ni t
te en mis brazos, sangrando, heri
completo. Esos bastardos la habían tocado.
rarme de que estuviera bien. Luego iría a cazar a los que h
por a
mi hombro. Estaba tan ligera, demasiado ligera. ¿Es
ordo en mis propias costillas donde la habían pateado. Podía sentir su miedo,
aja, aunque no podía escuch
ara, con Kate segura en mis brazos y
ad de lo que acababa de pa
ma ge
en seis meses, las alianzas ya estaban firmad
darme una pareja destinada. Y
nía que hici
do de mí, conectándome a la mujer en mis brazos
era que todo acababa de cambiar

GOOGLE PLAY