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Historia

Capítulo 4 El ataque de los renegados

Palabras:1185    |    Actualizado en: 09/01/2026

Ka

cual significaba que yo tenía que cubrirlo, lo cual significaba que no saldría de Luna's Brew hasta las nueve, lo cual significaba que conduciría a cas

ni

io? ¿otra vez?» porque esa era la tercera vez ese mes que Sarah cancel

las tazas, guardé los pasteles sobrantes en el refrigerador para el día si

pequeño estacionamiento trasero. Estaba lloviendo. Por supuesto que estab

ré la puerta. Estaba empapada y el asiento se iba a m

en el encend

a

enté o

l clic del arranque

que obviamente no servía d

veces más.

o estaba compl

ie

bía señal ahí. La cafetería estaba en una zona medio muerta de la ciudad, entre el territorio

uáles eran m

edith. Pero ella estaba en turno nocturno en el hospital y no podría venir hasta la m

o a tres kilómetros por la carretera. Tenían un te

era tanto. Había

una carretera que bordeaba el territorio de la manada

a hacer? ¿Quedarme

s. Cerré el auto con llave por pura costumbre aunque no es que alguie

cabeza. Mis tenis hacían un ruido de chapoteo con cada paso. Ya tenía f

diez minutos cuando escuc

so

l bosque a mi derecha, mo

e y aguc

Solo l

rte. Probablemente era un venado. O un coyote. O nada.

z. Más cerca. Y esta vez no er

erda, mier

delante de mí, cortándome el paso. Hombres. No, lobos en forma humana. Podí

enegados, lobos salvajes que se reusaban a pert

vi sus dientes blan

me dijo-. ¿Una loba s

o ya estaban detrás de mí también. Tres de

rza, velocidad, algo. Pero no estaba. Yo er

alto, con barba descuidada y ojos qu

linándose hacia mí-. Como

aunque pudiera, ¿qué les diría? «¿Soy u

de los otros, rién

sotros -dijo e

l brazo con

rodillazo donde sabía que dolería. Él gruñó y me s

o y me halara hacia atrás. Caí al pavimento, el golpe me sacó el aire de

no, dejé marcas sangrando en su mejilla. Él me golpe

ra -

straron hacia el bosque. Pateé, me retorcí, pero eran d

tenía catorce y los reneg

s en eso. No a

edes. Los gritos de mi madre cortándose en el silencio. Mi

a entrando en pánico y eso no ayudaba, t

y las ramas se clavaron en mi espalda. La lluvia se

s con ella?

el de la barba-. Que sepan que su ter

de Silvercrest. Ha

hubiera estado cerca de s

mí. Su aliento ol

e preguntó en un tono burló

odía hablar. Pero aunque

í sangre e

ó lento. Lu

ima... -siseó mientras le

lotó en dolor. Despu

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