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luznante. Estampado en mi cara, en letras rojas y llamativas,
ógico ayudé a construir, no me defendió. Lo llamó una
la viera. Luego, le dio a ella mi vestido de aniversar
iente, ella anunció que es
imonio, por encima del recuerdo del hijo que perdimos juntos. La mirada que le dedicó, lle
ntraban. En la siguiente junta directiva, vi cómo se le iba el co
ije, empujando una pluma sobre la mesa-. M
ítu
través de los ventanales del rascacielos apenas lograba calentar la habitación. Un dolor sordo palp
. Sentí una textura áspera y
gadora y ahogué un grito. Estampado en mi cara, desde la sien hasta l
ra el sello de broma que Javier guardaba en su e
rse al mundo de los vivos! -dij
na jugando en sus labios. Sus ojos, normalmente gra
ada fija en el sello grotesco-. A Javier le pareció una idea brillan
heló. El estómag
susurré, las palab
¿Por qué haría yo algo así? Solo ayudé
corriéndome
u esposo, esperándolo como un perrito abandonado. ¿No tienes vida? ¿O
becaria a la que yo personalmente había apadrinado, cuy
gradecida -gruñí, la
o retumbó en la oficina silenciosa. Su cabeza se giró bru
lpe, una mano fuerte me agarró del
ás haciendo? -La voz de Javier, cargada
erpo. Sus ojos, usualmente tan cálidos y
la! -rugió, su mirada fija en la
iendo. Defendiendo a la mujer que acababa de
cara! -tartamudeé, señalando
pado acunando el rostro de Carla, su pulgar
ajando a un tono condescendiente-. Una broma i
irada cayó sobre la manga de la camisa de Javier. Un aroma floral, dul
ijo que estaba trabajando hasta tarde,
olor? -pregunté, mi v
isita, un sonido
poco de café encima antes mientras, ya sabes,
brillando con malicia. Lo estaba manipula
o suave e indulgente qu
re tan ansiosa por aprender, tan dedicada. No como otr
abar mi apoyo incansable, mi fe inquebrantable e
fé y consuelo, mientras los contactos de mi familia le allanaban el camino en sil
su ambición se transfo
daba vueltas. La imagen de Javier, riendo con Carla, d
etaria, una joven llamada Brenda, estaba allí, con los ojos mu
su mirada saltando de mi cara es
Alejandra Elizondo, la heredera elegante y serena que se casó
onvirtió rápidamente en un grito ahogado de horror cuando s
ios no dichos y humillación. Carla, aprovechando el momento, dejó que
l sello. Entrecerró los ojos, no con compr
ensa. No era una petición, era una orden, dada con la
par en par, llenándose de lágri
elosa de nosotros, de lo que tenemos! -Enterró la cara en el pecho de Javier, sus hom
hacia la puerta, una im
ó, su voz suavizándose, en marcado contraste con el tono duro que había usado conm
mí, con la mir
na. Esta es mi oficina. Y Carla es mi beca

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