Hospital Muguerza fi
estaba
llevaba un collarín que parecía tres tallas más grande. La engullía por compl
-susurró, sus dedos ap
é mi
sado cuat
os perdimos la ventana de
picándome bajo la piel-. Probablemente esté furi
ió Sofía débilmente-. L
d con una enfermera y condujimos direc
compramos un enorme ramo de azucenas bla
ra
mat
siento, soy un idiota,
l de las residencias, el motor de m
eo, mirando los ed
é su
sted marcó no e
o el teléfono de mi orej
e las barras en mi pantall
a la caseta
ando mi sonrisa ganadora, la que usualmente
en su computadora,
ió el
? -preguntó-
e-. Hija del Subjefe. Deberían tenerla marcada com
la cabeza, sin impre
e ninguna Elena Vill
o cayó has
peando el borde de la ventana-. Tr
ven -dijo el guardia, girando lig
terminara. Corrimos
hasta la
velocidad, zigzagueando ent
andab
su teléfono no
ause
as de hierro de la mansión Vill
de la familia
ma
on los rifles en alto de una
asomándome por la ventana
enseñado a disparar cuando apenas éramos lo suficientemente
o era de
lta, muchacho
, mi voz subiendo de
lores en el asie
omo si fue
a ha dejado el es
o dejó
-preguntó Mateo, su voz quebrándose bajo e
ó su agarre
finid
-grité, golpe
e-. No son bienvenidos en tierras de los V
él, hacia la ca
su habitación
staban cerradas
omo un cráneo co
abía
iento junto a mí de rep

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