Alej
pital apestaba a antis
etes
ación, balanceando las piernas como una niña petulante.
o -se quejó, inspeccionando sus uñas cuidadas-.
mirando el Rolex en mi
ría haber aterr
os veces. Ambas veces, se
iempre contestaba al p
cudo. El Dr. Aris. Era el ginecólogo de la familia, el que trataba a
l resbalando ligeramente-. Sus signos vitales son
la mesa, alisándose la fa
Dudó, sus ojos movi
la voz-. Ya que está aquí... q
o, apartándom
pasa c
e ayer. Es la segu
gunté, frunciendo el
Se ajustó las gafas, un brillo d
ontrol prenatal.
inclinó so
silencio ensordecedor. El sonido de los tacones d
sangre corriendo en mis oíd
abra se sentía extraña, pes
rizado-. Tiene... tiene casi cuat
ro m
etrocedió,
tidos s
erbas que o
su estómago cuando c
esca
is venas, congelá
a puesto mis manos sobre mi espos
có el brazo-. ¿De qué está
un manotazo como s
e gruñí a
or,
FU
huyó sin m
an tan violentamente que se me cayó
é a I
sted marcó no es
la voz mecánica
á en se
Wha
no enco
tras abría la aplicación de rastreo que
eropuerto Internacional de Monterre
aba en
ba de c
y estridente-. Así que está embarazada. Probablem
acia ella
a, porque dio un paso atrás, su cadera gorabia apenas contenida-. No ha mirado a nadie má
lo h
amas está en e
N
como un golpe físico,
a cara, y yo era demasiado
levó la caja. La caja
a de vac
abía
vado a mi here
Valeria. Me di la vuelta y sa
ospital, ciego a las enferme
por aire, agarrándome el pecho com
nombre al cielo gris,
enc
viento r
abía

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