Libros y Cuentos de Claudia lvarez
Mi Dulce Venganza
Aquí está el adelanto de la novela corta, siguiendo tus indicaciones: Me miré al espejo, envuelta en raso blanco, la boda con Ricardo a solo una semana. Llevábamos cinco años construyendo un futuro que creía inquebrantable, hasta que su teléfono vibró con un mensaje. El nombre "Carla" en la pantalla me heló la sangre, seguido de: "Amor, ¿nuestro plan sigue en pie para después de la boda? No puedo esperar a que seamos libres" . Revisé su teléfono y descubrí meses de conversaciones, fotos y planes con su amante, burlándose de mí y de mi "confianza ciega", llamándome "la gallina de los huevos de oro". Un mensaje suyo lo destrozó todo: "Sofía no es más que el puente hacia nuestra felicidad. Un sacrificio necesario". Mi amor se convirtió en rabia fría; no era solo infidelidad, sino un fraude calculado. Con una calma que me sorprendió, fotografié cada prueba, borré mi rastro y colgué el vestido. La boda no se cancelaría; sería mi escena, y ellos, Ricardo y Carla, serían las estrellas de su propia humillación pública.
Nuestro Amor, Nuestro Universo
Yo era Sofía, la prometida de Ricardo Valente, el rey del tequila, el sol de Jalisco. Nuestro amor era de cuento de hadas, de esos que salen en las revistas. Hasta el día de nuestra boda. Frente a doscientas personas, frente a su familia, frente a Dios, le dije que no. Y no solo eso: un video mío con su mayor rival, Diego de la Vega, apareció en las pantallas gigantes. Mientras el caos estallaba, mis cómplices transfirieron cada centavo de su fortuna a un paraíso fiscal. Le entregué a Diego los secretos de su nueva fórmula de tequila. Lo dejé en la ruina, emocional y financieramente. Vi la incredulidad en su rostro convertirse en un dolor que me heló la sangre. "Sofía, dime que es una broma. Dime que no es verdad" , suplicó, arrodillado. Me incliné, le arreglé el moño de su charro y le susurré: "Nunca te amé. Y por cierto, el hijo que esperaba no era tuyo" . Mentí. Mentí en todo. Pero él no lo sabía. Vi cómo la última luz de esperanza se apagaba en sus ojos y me fui sin mirar atrás. Cinco años después, una voz metálica resonó en mi cabeza: "Anfitriona Sofía, el periodo de exilio ha terminado." El sistema me obligaba a volver a Jalisco para reparar la relación entre Ricardo y Mariana, la heroína perfecta. ¿Y si me negaba? "Consecuencia del fracaso: Aniquilación." Así, mi vida de lujo y libertad terminó. La villana debía regresar a escena.
El Precio del Hambre y Amor
El olor a frijoles fritos con chorizo me abría el apetito, un tormento en una casa donde la cuchara de mi madre solo servía porciones miserables para mí. Pero una tarde, vi el brillo de una oportunidad: cincuenta pesos, el premio de un concurso de dibujo que gané con la esperanza de saciar mi hambre por fin. Corrí a casa, el billete apretado en mi puño, solo para ver cómo la sonrisa de orgullo de mi madre se convertía en codicia al quitármelo. "A tu hermano le hacen falta unos zapatos nuevos para el fútbol", dijo, sellando mi destino con sus palabras y su acto. Esa noche, mientras el agua fría lavaba los trastes, el hambre en mi estómago se transformó: era un hueco en el pecho, una injusticia ardiente. ¿Cómo podía mi propia madre robarme así, negándome hasta el derecho a la comida? No era solo sobre el dinero; era sobre mi valor, mi existencia. Comprendí que si quería algo en este mundo, tendría que tomarlo, sin pedir permiso, sin esperar caridad. El hambre dolía más que cualquier golpe, y yo estaba dispuesta a pagar cualquier precio por saciarla.
Renacer a Tu Lado Para Siempre
Mi sentencia de muerte se cernía sobre mí, solo unos pocos meses de vida. Lo último que esperaba era ver su rostro de nuevo en la portada de una revista de sociedad: Mateo Vargas, mi antiguo amor, el hombre que me destruyó, regresando a Bogotá para su boda. El contraste entre mi fatal diagnóstico y su celebración de vida era brutal, insoportable. Desesperada por un último adiós, confronté a Mateo y, no sin remordimientos, usé un oscuro secreto familiar como chantaje: un video de los negocios sucios de su padre. Lo obligué a pasar sus últimos dos meses antes de la boda conmigo, anhelando que el amor que creí que existió entre nosotros resurgiera. Pero lo que obtuve fue un infierno. Su abuela, en su lecho de muerte, le arrancó una promesa cruel: nunca estar con una "Rojas". Isabella, su prometida, tejió una red de engaños, me acusó de envenenamiento y contrató matones que me golpearon brutalmente. Y Mateo, el hombre que una vez me juró amor, filtró una foto íntima nuestra, exponiéndome a la humillación pública. Cada día, mi cuerpo y mi espíritu se desmoronaban. ¿Cómo podía su corazón ser tan frío, tan lleno de desprecio, para alguien a quien prometió amar más que a nada? Moribunda y traicionada, fui apuñalada por aquel a quien una vez tendí la mano. Mi último aliento fue una llamada a su teléfono, mientras la marcha nupcial empezaba de fondo. Morí sola, con su indiferencia, sin que él supiera la verdad de mi enfermedad. Pero la muerte no fue mi final. Años después, sin una pizca de memoria de mi vida anterior, renací como Ana, inexplicablemente atraída de nuevo a su órbita. Hasta que un disparo, el de la pistola de su padre apuntando a Mateo, y la mención de mi antiguo nombre, hicieron que los horribles recuerdos regresaran en una ola de dolor. Ahora, ¿podrá el amor superar la traición y la tragedia, o el pasado nos condenará de nuevo?
