Libros y Cuentos de Kai Stern
Cadenas de Dolor, Lazos de Amor
El chillido de los neumáticos fue el último sonido. Luego, la oscuridad. Y en esa bruma entre la vida y la muerte, escuché voces que helaron mi alma. "¿Están muertas?" preguntó la voz de Carla, la amante de mi padre, con una falsedad que ahora sonaba a pura crueldad. "La chica sí. La vieja todavía respira, pero no por mucho," respondió mi padre, Ricardo Romero, con una frialdad desalmada. Querían mis órganos y los de mi madre, Elena, para su hijo con la amante, un niño con insuficiencia renal. El accidente no fue accidental; fue una ejecución planeada por mi propio padre. Desperté sobresaltada, no en la carretera, sino en mi cama, el sol filtrándose. Estaba intacta. Viva. Miré el calendario: el día del "accidente". Había regresado. Fui al espejo. Mis ojos, antes ingenuos, ahora ardían con una llama fría y dura. No era la hija que buscaba su aprobación. Era la testigo de mi propia muerte, la portadora de una verdad horripilante. Ricardo, el hombre que me despreció por no ser varón. Elena, mi madre, ciega de amor, perdonando cada humillación. Carla, la calculadora, usando a su hijo como llave a nuestra fortuna. Ellos eran los monstruos. "No esta vez," susurré al espejo, mi voz temblando de rabia. "Ustedes pagarán por cada lágrima de mi madre, por cada gramo de mi vida que intentaron robar."
Cásate con mi ligue de una noche
El aire en la oficina estaba denso, pesado, casi tanto como los tres años de mi vida que se evaporaban con una firma. Frente a mí, el documento de divorcio. Alejandro Morales, la estrella de rock, mi exesposo, ni siquiera se dignó a aparecer. "Señorita Romero, si tan solo firma aquí, todo habrá terminado." Tomé la pluma, con mis dedos temblorosos por una extraña mezcla de alivio y furia. "Dígale que le deseo toda la felicidad del mundo con Paulina." Firmé. Sofía Romero. Libre. Dejé mi carrera por él, organicé giras, manejé sus redes, aguanté sus humores. Todo para que, al alcanzar la fama, decidiera que yo no era suficiente. "Te has vuelto aburrida, Sofía," me dijo, sus palabras cortando más que cualquier traición. Salí a la Ciudad de México y el sol me golpeó la cara. Por primera vez en meses, no sentí que me quemaba, sino que me calentaba. "¡Ya está! ¡Soy oficialmente una mujer divorciada!" le grité a Carla. "¿Cómo te sientes?" "Como si pudiera respirar de nuevo." Esa noche, usé un vestido rojo que Alejandro odiaba por "demasiado llamativo" . En un club exclusivo, pedí la botella de champaña más cara. "Por los nuevos comienzos," brindé, "y por no volver a permitir que nadie me diga que no soy suficiente." La champaña dio paso al tequila. Bailé, queriendo sacar cada recuerdo de Alejandro. Cuando el alcohol me pasó factura, busqué el baño, pero terminé en una sala VIP. Allí, un hombre increíblemente atractivo estaba reclinado, sufriendo. "¿Mal día, guapo?" solté, mi voz arrastrada. Él abrió los ojos. Eran oscuros, intensos. "Lárgate," dijo, ronco. Estaba demasiado dolida y ebria para aceptar órdenes. "Necesito que te vayas," repitió, su voz más baja, más peligrosa. "Ahora." Me incliné, "¿O qué?" "Me drogaron," susurró. "Y tú eres exactamente lo que necesito para solucionarlo." Antes de procesar, me agarró la muñeca, jalándome a su regazo. "Tú… vas a ser mi antídoto." Su cuerpo ardía. Mi mente gritaba que huyera, pero su vulnerabilidad me desarmó. "Por favor," dijo, su mano subiendo por mi espalda. ¿Qué estaba haciendo? ¿Entregarme a un desconocido? "Está bien," susurré. Sus labios encontraron los míos en un beso hambriento. Me despojó del vestido rojo. Fue una colisión de dos extraños, una explosión de necesidad. Desperté en una habitación de hotel desconocida. El hombre dormía. Dejé un fajo de billetes en la mesita de noche. "¿Qué es eso?" dijo, despertando. "Un pago. Por tus servicios." Él recogió el dinero. "Yo no cobro. Pero sí me hago responsable." "¿Responsable? ¿De qué? ¿De una noche?" "Yo me lo estoy pidiendo a mí mismo," insistió. "Dame tu número. Te llamaré." Negué con la cabeza. "Olvídalo. Adiós." Me acorraló contra la puerta. "No me gusta que me den órdenes," susurró. "Y no me gusta que me dejen." "Esto no ha terminado, Sofía." Me quedé helada. ¿Cómo sabía mi nombre? "Te encontraré. Y cuando lo haga, terminaremos lo que empezamos." Le di un beso rápido. "Buena suerte con eso, empresario." Salí corriendo de ese hotel.
Mi Dulce Venganza: Amor y Dolor
La noche de mi vida cambió en ese callejón oscuro. Sofía, mi novia menudita, y Elena, mi hermana siempre protectora, me "salvaron" de unos asaltantes. Me sentí el hombre más afortunado, amado y a salvo, hasta que mi celular vibró. Un mensaje anónimo reveló que todo era una farsa: el asalto, su "heroísmo", mis tragedias pasadas, incluso mi desempleo y el robo de mi auto. Todo fue orquestado por ellas y mi "mejor amigo" Ricardo, para exprimir mi vida y alimentar su codicia y estatus. Me convirtieron en un títere en su obra cruel, donde mi dolor era su ganancia, mi sufrimiento su combustible. Cuando intenté desenmascararlos, me aplastaron sin piedad. Sofía me desfiguró con una botella, Elena me despojó de mi herencia, mi hogar, mi futuro, y se lo ofreció todo a Ricardo como dote. ¿Cómo era posible que las personas que más amaba me traicionaran tan brutalmente, transformando mi existencia en un infierno para su propio beneficio? Tirado en el suelo, despojado de todo, hice una elección: me rendí. No para ellos, sino para mí. Desaparecí, me convertí en un monje, borré a José Luis de la faz de la tierra. Pero al hacerlo, sin yo saberlo, encendí la mecha de su propia destrucción.
Venganza Helada: Madre Traicionada
El rancho era el refugio de Sofía, un santuario construido lejos del ruido de la ciudad para sanar heridas invisibles, marcado por el sacrificio de su brazo derecho para proteger a su hijo, Mateo. De repente, la paz es destrozada por una voz femenina chillona y venenosa: "¡Saquen a esa perra de su escondite!" "¡Les juro que hoy le voy a enseñar lo que es la decencia! ¡Mateo me dio permiso para limpiar la basura que mancha el nombre de la familia!" Sofía, conmocionada, enfrenta a Valeria, la nueva socia de Mateo, quien, confundiéndola con una empleada, la abofetea brutalmente. Antes de que Sofía pueda pronunciar una palabra, Valeria ordena romperle el cuello a María, la leal sirvienta de Sofía, matándola frente a sus ojos. El dolor físico se vuelve insignificante ante la furia helada que la consume. "Usted no sabe quién soy…" dice Sofía, temblorosa por el shock, mientras Valeria la humilla sin piedad. Sofía revela su identidad: "¡Soy Sofía! ¡Soy la madre de Mateo!" Pero Valeria y sus secuaces se burlan, desestimando la verdad, y la someten a una tortura inimaginable: le rapan la cabeza, le rompen las piernas y le cosen la boca. La dejan tirada, un despojo humano, y luego la arrastran, dentro de un saco de arpillera, a la fiesta de graduación de Mateo. Ante la multitud de élite y un Mateo furioso, Valeria la presenta como la "criminal" que ha manchado el nombre familiar. Mateo, cegado por la ira y el engaño, hundió su navaja en el saco, hiriéndola, y ordenó que la llevaran a la lobera para que los lobos "terminaran el trabajo." Allí, con la vida escapándose, su último pensamiento es: "Mateo… hijo mío… ¿qué has hecho?"
Amo Al Hombre Sin Sangre
El mundo se sentía brillante y lleno de promesas, un lienzo dorado donde mi arte y el amor de Ricardo se fusionarían con la llegada de nuestro bebé. Pero la luz se desvaneció, revelando una oscuridad impensable: Ricardo, mi gran amor, y Elena, mi propia hermanastra, tramaban robar a mi hijo y encerrarme en un manicomio. La traición me golpeó como un rayo, mientras escuchaba sus voces heladas planear mi perdición, y peor aún, la de mi pequeño, al que ellos llamaban "un producto". Encerrada en un hospital fantasmal, drogada, débil, y despojada de todo, la verdad sobre mi pasado se desenterraba: Elena confesó que el aborto espontáneo de mi primer embarazo, años atrás, también fue obra suya. La desesperación se transformó en una rabia líquida, pura, que ardía en mis venas, y con la inesperada ayuda de una enfermera y un guardia compasivo, tomé en mis manos una llave y una dirección remota: la promesa de mi escape, y el inicio de mi resurrección para recuperar a mi hijo y destruir a quienes me habían convertido en esto.
No Seré la Víctima Esta Vez
Desperté en mi cama, en la idílica finca de los De la Vega en La Rioja. El sol acariciaba mi rostro, pero mi mente estaba lejos de la paz. Era el día, el mismo día en que mi supuesta hermana, Valentina, llegaría para comenzar mi infierno personal. En mi vida anterior, fui manipulada por visiones falsas que me llevaron a cometer errores fatales. Fui incriminada por envenenamiento y acusada de crímenes que no perpetré. Mis propios padres creyeron sus lágrimas antes que a las de su propia hija. Morí sola, desesperada, en una fría celda, abandonada por todos. Hasta mi último aliento, me atormentó la injusticia y el misterio de esas profecías que siempre se volvían en mi contra. ¿Cómo pude ser tan engañada, tan fácilmente manipulable hasta el punto de mi propia destrucción? Pero ahora he renacido, y la memoria de esa vida pasada es una cicatriz ardiente en mi alma, mi mayor arma. Esta vez, no seguiré las 'visiones' que en realidad eran una tecnología diseñada para destruirme. No seré la víctima. La cazadora seré yo, y reescribiré este juego mortal para que mi presa muerda el polvo.
