Libros y Cuentos de Yi Xiaoxin
La Humillación de un Corazón
Noventa y ocho veces. Noventa y ocho veces mi prometido, Eduardo Calvet, me dejó plantada en el altar. Pero la vez número noventa y nueve fue diferente. Justo cuando la ceremonia estaba por concluir, él soltó mi mano y corrió hacia mi rival, Bella Poza, quien fingía una lesión. "Matilde, lo siento, Bella me necesita. La ceremonia tendrá que esperar", dijo antes de abandonarme frente a todos. Esa noche, mientras él la cuidaba, Bella publicó una foto de ambos con el texto: "¡Mi héroe! Gracias por sacrificarlo todo por mí. Algunos entienden la verdadera lealtad". La humillación de cinco años se cristalizó en ese instante. Él nunca me amó. Él ni siquiera recordaba que yo era alérgica a las flores blancas que prometió traerme para compensarme. Esa misma noche, usé un poder ancestral para romper nuestro vínculo sagrado, un acto que casi me destruye. "Se acabó", susurré, mientras sentía su grito de agonía a la distancia. Pero la conexión entre almas no puede romperse tan fácilmente. Semanas después, él apareció en las puertas de la fortaleza de mi familia, suplicando perdón. Justo entonces, Bella reveló su verdadera identidad como una hechicera oscura, desatando un ejército de sombras para destruirnos. Para protegerme, Eduardo se sacrificó, muriendo en mis brazos. Y en ese momento, con su sangre en mis manos, un poder antiguo y aterrador despertó dentro de mí. Mis ojos se encendieron con fuego plateado. "¡Bella Poza!", rugí, mi voz resonando con la furia de mis ancestros. "¡Vas a pagar por esto!".
No Te Merece A Mi Amor Puro
Sofía Morales, diseñadora de genio y la mente silenciosa detrás de "Vargas Fashion", era también la amante secreta de su dueño, Ricardo. Ocho años de amor oculto y sacrificio creativo se desmoronaron al escuchar la voz de Ricardo desde un salón contiguo. "Te juro que ya no la soporto. Cada día es más difícil fingir que me interesa." La voz melosa de Isabella Rojas, su modelo novata y nueva amante, respondió con desdén: "¿Pero no es ella la que te consigue los inversores?" "¿Amuleto? Me da un asco profundo pensar en ella acostándose con esos viejos verdes. Es repugnante. Pero era necesario", escupió Ricardo. El corazón de Sofía se hizo pedazos al oír cómo la consideraba un ancla y una arribista sin clase. Su traición no era solo sentimental; era un desprecio absoluto por su talento, su dignidad y todo lo que ella había construido para él. Mientras grababa la escena de la traición, una pregunta heló su alma: ¿Cómo pudo engañarme así, usarme y luego llamarme repugnante? La rabia, pura y ardiente, reemplazó el dolor mientras marcaba un número: "Papá, cancela todas las inversiones en Vargas Fashion. Todas. Mañana a primera hora." La guerra acababa de empezar, y Sofía no pensaba perderla.
El Arrepentimiento del Padre Cruel
El helicóptero de Ricardo descendió sobre un pueblo olvidado en la sierra, levantando una nube de polvo rojizo, un dios metálico para los aldeanos que nunca habían visto algo así. La impaciencia de Ricardo creció cuando sus ojos fríos y calculadores recorrieron el miserable caserío en busca de Sofía, la mujer que había desterrado hacía cinco años. Pero el pueblo guardaba un silencio tenso, un miedo palpable, una verdad que nadie se atrevía a pronunciar. Hasta que la anciana del pueblo, la Abuela, lo enfrentó con dignidad feroz, revelándole que Sofía no estaba, que había "encontrado la paz". Ricardo rio con desprecio, negándose a creer que su amada Sofía, cuya sangre prometía sanar a su enferma Isabella, pudiera estar muerta. Pero la Abuela insistió, con lágrimas en los ojos, que Isabella misma había enviado hombres meses atrás para "desangrar" a Sofía, dejando su cuerpo para los coyotes. La negación de Ricardo se convirtió en una furia ciega, acusándola de mentirosa y destrozando el pueblo en busca de una Sofía que no existía. De pronto, un niño diminuto, un torbellino de furia, se lanzó a proteger a la Abuela, y Ricardo se detuvo en seco al ver sus propios ojos reflejados en el niño. Mateo, el hijo de Sofía y suyo, le reveló la cruel verdad: cómo su madre había sido desechada y luego sacrificada por la mujer a la que él adoraba. En un torbellino de dolor y negación, Ricardo se convenció de que el niño era un bastardo, un recordatorio del engaño de Sofía, pero que su sangre aún serviría para Isabella. Arrebató a Mateo de los brazos de la Abuela, quien, en un intento de protegerlo, cayó e impactó contra una piedra, quedando inmóvil. Mientras el helicóptero se elevaba, la voz de Ricardo resonó con frialdad al ordenar que prepararan al médico: "Tenemos un donante. La sangre es joven, será aún más potente. Isabella se va a poner bien". Y así, Ricardo llevó a su propio hijo hacia un destino macabro, sellando el trágico final de un amor ciego y una letraición inimaginable.
Venganza Perfecta: Amor Falso
Mi teléfono sonó con urgencia, la voz agitada de mi asistente confirmaba que algo terrible había pasado. "Señor Alejandro, tiene que venir al club... Es... es Camila..." Un grito desgarrador, seguido de golpes sordos, me heló la sangre. Corrí al Club, las sirenas ya se escuchaban a lo lejos. Adentro, el caos; mesas volcadas, botellas rotas. Y en la sala VIP, un hombre yacía golpeado y ensangrentado. En el centro de todo, Camila, con su vestido empapado en sangre, una botella rota en la mano y una mirada salvaje. Justo cuando entré, blandió la botella de nuevo, lista para un golpe más. "¡Camila!" , le grité. Ella se detuvo, como despertando de un trance. "Alejandro…", susurró con una sonrisa extraña. "Quería tocarme… Dijo que tú ya no me querías". De repente, se lanzó hacia el hombre, pateándolo brutalmente. Todos contuvieron el aliento, mientras ella me miraba con una devoción enfermiza. "Nadie puede hablar mal de ti, mi amor" . Siempre había sido mi "Camila la Loca" , mi sombra, la que se arrastraba por mí. Pero la verdad era más oscura. No era yo a quien ella amaba, sino a Eva, mi hermana desaparecida. Camila se había convertido en mi perfecta obsesión, la imagen viva de Eva, y yo, ciego, la había usado. Ella me había permitido creer que era mi juguete, mi perra faldera, la mujer que mataría por mí. Incluso cuando Sofía llegó y la humillé públicamente, la vi arrodillarse, y fingir devastación. Todo era una actuación. Una trampa, una venganza fría y calculada. Pero ¿por qué? ¿Qué había detrás de esa mirada, ese odio oculto? Ahora lo sé. Y mi imperio de mentiras ha caído. Ella lo planeó todo, cada paso, cada lágrima. Y yo, el depredador, fui su presa. Porque la "loca" de Camila nunca me amó. Y yo nunca supe con quién estaba tratando realmente.
Entre Balas y Agave: La Resurrección del Heredero
El olor a tierra mojada y agave cocido era el último recuerdo de mi vida pasada. Luego, el frío del acero y la sonrisa de mi hermana Isabela mientras me desangraba. Pero desperté de golpe, no en la agonía, sino en el suelo de la bodega de la hacienda, con el eco de disparos afuera. ¡No era un sueño! Había reencarnado, justo en el día en que todo se fue al infierno. La casa estaba bajo ataque de sicarios, y mi hermana Isabela, a quien acababa de ver sonriéndome mientras moría, no solo se había llevado a todos los guardias, sino que ignoró el grito desesperado de auxilio de nuestra madre por un estúpido capricho. Luché con todas mis fuerzas para proteger a Elena, mi madre, escondiéndola en un pasadizo secreto. Pero no sin costo: recibí un disparo en el hombro y cojeé hacia la hacienda vecina, buscando la ayuda de mi prometida Sofía. Allí, la traición se redobló: Sofía, después de que Isabela la envenenara con mentiras, me acusó de un "drama" y ordenó a sus guardias que me rompieran la pierna, dejándome desangrándome en el polvo. El dolor físico era insoportable, pero la traición y la injusticia me quemaban más. ¿Cómo pudo mi propia hermana ser tan cruel, tan indiferente? ¿Y Sofía, negarme la ayuda más básica? Peor aún, al llegar al hospital, Isabela y su novio actor me culparon a mí de orquestarlo todo. Pero justo cuando pensaba que no había más fondo, mi padre llegó. Lo que ellos no sabían era que mamá, desde su lecho de dolor, acababa de revelarle toda la verdad: la llamada desatendida, la traición. Esta vez, el ciclo se rompería: con el peso de dos vidas y la verdad de mi lado, no solo sobreviviría, sino que aplastaría cada fachada, cada traición, para reclamar lo que era legítimamente mío y llevar a mi familia a una gloria nunca antes vista.
