Libros y Cuentos de Xiao Duo Er
Borré Mi Vida Por Su Engaño
Franco, el "magnate que derrite corazones", me puso un collar de diamantes frente a las cámaras en nuestro quinto aniversario. Todo el mundo decía que yo era la mujer más afortunada, la dueña de un amor de cuento de hadas. Pero el cuento se rompió cuando sentí el perfume de Rubí Amaya en su camisa. Esa misma tarde, ella hizo un live presumiendo las escrituras de un parque de diversiones que él le regaló, mientras se burlaba de mi "resort". Mi teléfono vibró con la estocada final: una foto de una prueba de embarazo positiva y un mensaje de ella diciendo que Franco la amaba en mi propia cama. Él seguía fingiendo, jurándome amor eterno mientras sus amigos se burlaban de mí a mis espaldas. No hice un escándalo. No le grité. Simplemente sentí cómo mi corazón se volvía de piedra. Si él quería jugar a tener dos vidas, yo me encargaría de que no le quedara ninguna. Contraté a un experto para borrar mi identidad digital y vendí cada joya que me dio. Dejé una caja de regalo en la mesa y le envié un último mensaje antes de subir al avión. "Abre tu regalo de aniversario, mi amor". Cuando encontró los papeles de divorcio y las pruebas de su traición, yo ya era un fantasma empezando de cero en Oaxaca.
Mi Primavera Después del Incendio
En Madrid, todos nos admiraban. Sofía Navarro y Javier Mendoza: la pareja perfecta. Vivíamos en un ático de ensueño, con un hijo encantador y una vida pública impecable. Pero yo sabía la verdad. Javier me engañaba desde hacía tres años con Valentina, una influencer de realities. La humillación culminó en nuestro doceavo aniversario: él canceló nuestra cena romántica. Horas después, Valentina subió una historia a Instagram: allí estaba Javier, en un restaurante de lujo, celebrando con ella... y mi hijo Mateo, sonriendo, brindando con ellos. Mi hijo adoraba a "Valen", quien le compraba regalos carísimos. Luego, en el hospital, tras un síncope de estrés, Valentina se atrevió a confesarme que estaba embarazada de Javier. Mis suegros, sin saber que los escuchaba, me descartaban como una "vientre de alquiler" cuya función ya estaba cumplida. Mi corazón no dolió, solo sentí un frío escalofriante. La inocencia de Mateo, aprovechada por la amante de su padre, era la daga final. Ya no quedaba nada, solo un vacío absoluto y una determinación gélida. Esa noche tomé una decisión: la Sofía Navarro que todos conocían debía morir. Llamé a mi abogado, Arturo. "Quiero desaparecer, pero antes, quiero que pague por todo. Prepara los papeles. Esto es un plan de fuego y cenizas."
Nuevo vida después de caerme
Mi boda soñada, un evento social fastuoso en Sevilla con Alejandro, el acaudalado bodeguero de Jerez, estaba a solo dos semanas. Pero la felicidad perfecta se desmoronó cuando mi mirada se posó en la pantalla del móvil de mi prometido, revelando un secreto devastador: Lucía Morales, una estudiante con ínfulas de influencer, sonreía abrazada a él, confirmando dos años de una aventura oculta. Las fotos, los mensajes, el omnipresente olor a azahar -el perfume de ella-, y su indiferencia apenas disimulada convertían mi vida en una farsa. La humillación se profundizó con la pulsera que me prometió, la ecografía de un supuesto embarazo de Lucía y sus lágrimas falsas que Alejandro creía ciegamente; la familia Domínguez, que siempre me vio con desdén, me desechó sin piedad, volviéndose cómplice de la traición y dejando a Lucía entrar en nuestra casa con su maleta. ¿Cómo había podido ser tan ciega a esta traición tan descarada, tan cruel? ¿Cómo se atrevían a pisotear mi dignidad, profanando incluso un osito de peluche de mi infancia? El dolor en mi corazón era una herida abierta, el abandono de Alejandro, su total ceguera a mi sufrimiento, me asfixiaba. Entonces, una fría determinación se asentó en mi ser: no moriría por su engaño, sino que orquestaría mi propia "muerte" para renacer, con un arriesgado plan de "caída accidental" desde el yate el día de la boda, un cuerpo señuelo para engañar a todos, y una nueva identidad, Elena Vargas, para finalmente ser libre.
