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Historia

Capítulo 8 8

Palabras:1795    |    Actualizado en: 21/02/2025

oídos no me engañaban, se desnudó antes de dejar la cueva. Entonces me alcanzó una especie de est

é la tira de tela hacia arriba con mis manos vendadas, y precisé un momento para

de mis manos, las hallé cubiertas de cortes, magulladas y un poco inflama

cubría algunos sectores de las paredes, que se estrechaban hacia la entrada, una alta grieta vertical

o arcón de madera oscura y un taburete bajo un nicho

cerca? No tenía idea dónde estaba. Tal vez estaba a pocos metros del castillo, o en el Bosque Rojo, o en lo alto de las montañas

no debían cubrir los muslos en absoluto, confeccionadas en el mismo lino del vestido. Seguramente habían venido en el atado que trajera mi padre, y peleando con Te

es a las más fantásticas. Y resultaron no ser muy distintas. Era evidente que alguien me había encontrad

tomado tantas molestias por salvarme y cuidarme. Porque eso incluía haberme lavado y vendado. Sí, por supuesto. No que hubiera sido la

a la entrada de la cueva. Nerviosa como estaba, me volví sin detenerme a pensarlo. El cuchillo resbaló entre mis dedos y

frente a mí. Me apresuré a cubrirme los ojos. Lo escuché volver a gruñir, y caí en la cuenta de que estaba entre él y el arcón en el

apartó hacia el fondo de la caverna. Me tapé los oídos por pudor, sabiendo que se transformaría allí mismo, a pocos pasos.

ró muy cerca de mi espa

onfundida-. ¿De qu

deces por hab

obre mí misma. Apenas me soltó, volví a

gemí-. ¡Jamás tuve ningún objeto c

gruñó por

que recordé la cadenilla

res a esto? -avent

s que nuestras sanadoras no

les impedía transformarse, aprisionándolos en su forma humana y quitándoles toda su fuerza y poderes in

a cabeza. Volví a inmovilizarme, el cor

la plata -susurró-. La encontraré

una risita burlona. Sentí su aliento

más para oler mis hombros y mi pecho-. Sé qu

omento. Me ruboricé hasta que me ardía

me distraerás

inándose tanto mientras me olía, que se aga

o -ordenó, volvi

te en el frío aire de la cueva. El lobo se inclinó una vez hacia mí. Me s

con una meticulosidad preocupante. Estaba demasiado atemorizada para sentir cosquillas cuando su nariz se deslizó s

podía siquiera imaginar qué había hallado, pero sí podía darme cuent

e sentí desfallecer cuando la presión de sus dedos apretó algo pequeño y duro contra mi pie

el vesti

mi pecho. El lobo bufó exasperado. Tomó mis manos y las guió hacia atrás para que volviera

cubrió mi pecho, porque mi siguiente inspiración pareció llenar su palma. A mi vergüenza no

strajo. Sus dedos rasguñaron y tironearon la c

cubrirme. Entonces me tomó una mano y

to, pequeña i

ta pura! ¿Plata oculta en la costura del vestido? La comprensión me golpeó como un rayo, y so

usité sin d

tido para venir al castillo. ¿Qué planeabas? ¿C

n regalo de despedida de mi querida hermanastra, que seguramente

él y eché la cabeza hacia at

inquirió en un susurro

me matara con la misma rapidez con que e

en mi cuello. Guió una de mis manos a sostener juntos los pliegues del escote abierto y sus dedos

. Recuerda que s

era la única verdad que tenía para responderle-. Me lo regaló mi hermana

sem

lgar se movió contra la piel

a que no quiso v

í lev

del estanque y no con las ot

l claro y... y me caí... me caí e

aron apenas en to

extravías por el bosque, ni

beza, incapaz de con

ienes para proteger a qui

era más intenso. Me costaba respirar, mantener el torso erguido. Sentí que mis fuerzas flaquea

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