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Historia

Capítulo 9 9

Palabras:1108    |    Actualizado en: 21/02/2025

se apoyaba en una tela suave, bajo la cual un corazón latía a un ritmo lento y regular. Me enderecé bruscamente, bu

ñor -resollé lu

ó con una suavidad inesperada

y dar los pocos pasos qu

paró tu hermana -murmuró haciendo

vitar que tomara frío. Contuve el aliento cuando se inclinó sobre mí. Olió mi cara y mi cuello

, permitiendo que se abrieran. Sentí que moría de vergüenza cuando siguió

Mi corazón latió con fuerza cuando movió la nariz en círculos, tocando apenas m

no -su

ntura y olió el vestido hasta deten

el vestido? -pregun

ra con ambas m

mis piernas hasta mis muslos, y me aplasté contra el

as. La plat

se de sensaciones extrañas en mi vientre, como cuando rozara mi pecho. Apoyó las manos en mis muslos, como para evitar

ajo y se detuvo bruscamente a esca

os. Lo sentí erguirse bruscamente, apart

i s

lo. Yo

bajo. Apenas alcancé a empujar la falda para cubrirme, al mismo tiempo que él me sujetaba una pierna y luego

e. Ignoró mi sobresalto para guiar mis dedos a las bragas y me hizo palpar otr

cuenta dó

reconocer el escondite del fragmento de plata: quedaba exactamente e

al castillo, no hubiera term

uemada flotó un momento en el aire. El fugaz roce de sus labios en mi cabello me dejó sin aliento. Sentí que o

rmuró, y comprendí que la breve cosqu

ilo de voz, completamente inmóvil, el

mejilla muy cerca de mi boca-. Un poco a

abios, que se entreabrieron sin consultarme. Se demoró así

respirar sus palabras. Su piel humana también olía vagamente a rocío y bosqu

ropas -murmuré

viaré nue

que a

seguir sintiendo su aliento en mi piel, y sus manos que me tocaban con gentileza. Y sobre todo, h

sentir sus mano

oído, y me di cuenta que había rodeado

resuré a cubrirme hasta la barbilla, volviendo a acostarme en el jergón. La piel de oso agregó su peso y su calor a la manta. Lo dejé arroparme como sólo Tea

a, para permitirle la poca privacidad que podía ofrecerle. El último sonido

bo se tendiera a dormir contra mi espalda. Entonces sentí su trufa fría y húmeda tocando mi hombro. Su aliento era como una caricia cálida sobre mi piel. Hubiera querido atrever

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