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Historia

Capítulo 10 10

Palabras:1872    |    Actualizado en: 21/02/2025

ncontré descubiertos. Me los tapé instintivamente y exploré

eñor?

fin me animé a lanzar una mirada

ía otras prendas, de modo que volví a ponérmelo. Un escalo

l anterior. Quedaba poca agua en las cubetas

no reconocí el lugar. Me hallaba en una pared de roca en una ladera abrupta. Al parecer, me hallaba más al sur de lo que hubiera ido jamás, donde las colinas se convertían

n un alto peñasco, pero ya me hallaba a menos de un metro de desnivel. No

ar de horas recogiendo agujas de pino húmedas para reemplazar el heno del jergón. Saqué l

jé al fuego la hierba que usara para la escoba. Hora de entenderme con la piel d

on energía, y el trabajo físico me mantenía ocupada y distraída, evitá

muerto, por si n

e la piel, y me las ingenié para arrodi

urmuré, agach

divertida y una mano en la cadera. Vestía como un joven cazador bajo el manto

n aquí -comentó, husmeando el aire-. Hacía años que no veía este lugar tan limpio. Y l

mi señor

s un carnero esperando ser deg

lvió hacia el final de la cornisa y se llevó dos ded

sas, porque pasarás

a princesa, se veían como trillizos idénticos, y muy parecidos a los príncipes que se presentaran en el pueb

má? -preguntó uno en el

pondió ella, revisando el

Pero se veían apenas más jóvenes que

ría vendarte los ojos, pero si vendrás al

an y se marcharon de inmediato,

-dijo tan pronto los pasos de sus hijos se alejaron-. Además de salva

nté cons

onrisita que hubiera hecho vacilar a un oso-. Si digo que alguien ven

ban con una fijeza que me incomodó tanto que bajé la vista. S

rno. No te alejes de la cueva e intenta no me

contemplé hasta que se perdió de vista en el bosque. Un momento después

ego la princesa me llevaría al castillo. Suspiré pensando en el lobo que me cuidara, recordando su calor y su ol

e provisiones. El otro arcón contenía ropa de cama, dos vestidos de excelente calidad, un abrigado manto de pieles y

or nerviosa. ¿Dónde diablos había dejado la tira de mi vestido viejo? El lobo entró a la cueva mientras yo revisaba el estante a toda prisa. Gi

ñor -m

cia el fuego. Lo observé intrigada mientras iba a olfatear las verduras sobre el plato y el caldero. Entonces se volvió hacia mí y cabeceó

no tardó en estar listo. El lobo había cerrado los ojos, tendido con la cabeza apoyada sobre sus patas, sus orejas alza

miné y cabeceó para señalar la s

e los ojos y saldr

esuré hacia la cornisa. Hacía un frío de mil demonios allí afuera, y me crucé de brazos con fuerza, tiritando con los dient

e vistió con rapidez. El sonido firme de sus botas se acercó a mis espaldas, y ahí se disparó de nuevo mi corazón, sin que pudiera evitarlo. Una tira de tela negr

mis hombros, guiándome

vestido? -inquirió con suavidad, haciénd

único que tenía. Y cuando tu hermana me dej

d, interrumpiendo mis tontos ba

anto cuando e

sentir el aire fresco de la cueva. Lo oí moverse a mi alrededor. Aguardé muy quieta y erguida, inten

fuego -susurró-. No te mu

e un cuchillo deslizarse entre mi piel y la espalda del vestido. Rasgó la parte posteri

para ponerte estos tra

iento

uedé muy quieta, las manos cruzadas sobre el pecho para que el frente del vestido no cayera en mi reg

y volví a envararme al sentir el roce de s

r que olía como correspondía. Apenas alcancé a sujetar el escote cuando me hizo sacar la otra manga para lavar ese

-. Desde ayer, hueles mejor cuando te toco. -Su nariz subió hasta mi mandíbula antes de resba

lina a todo correr. Apreté los labios cuando tomó mis manos

el paño tibio se aplastaba contra mi p

uieres que

ta de vergüenza. Pero era la ve

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