ncontré descubiertos. Me los tapé instintivamente y exploré
eñor?
fin me animé a lanzar una mirada
ía otras prendas, de modo que volví a ponérmelo. Un escalo
l anterior. Quedaba poca agua en las cubetas
no reconocí el lugar. Me hallaba en una pared de roca en una ladera abrupta. Al parecer, me hallaba más al sur de lo que hubiera ido jamás, donde las colinas se convertían
n un alto peñasco, pero ya me hallaba a menos de un metro de desnivel. No
ar de horas recogiendo agujas de pino húmedas para reemplazar el heno del jergón. Saqué l
jé al fuego la hierba que usara para la escoba. Hora de entenderme con la piel d
on energía, y el trabajo físico me mantenía ocupada y distraída, evitá
muerto, por si n
e la piel, y me las ingenié para arrodi
urmuré, agach
divertida y una mano en la cadera. Vestía como un joven cazador bajo el manto
n aquí -comentó, husmeando el aire-. Hacía años que no veía este lugar tan limpio. Y l
mi señor
s un carnero esperando ser deg
lvió hacia el final de la cornisa y se llevó dos ded
sas, porque pasarás
a princesa, se veían como trillizos idénticos, y muy parecidos a los príncipes que se presentaran en el pueb
má? -preguntó uno en el
pondió ella, revisando el
Pero se veían apenas más jóvenes que
ría vendarte los ojos, pero si vendrás al
an y se marcharon de inmediato,
-dijo tan pronto los pasos de sus hijos se alejaron-. Además de salva
nté cons
onrisita que hubiera hecho vacilar a un oso-. Si digo que alguien ven
ban con una fijeza que me incomodó tanto que bajé la vista. S
rno. No te alejes de la cueva e intenta no me
contemplé hasta que se perdió de vista en el bosque. Un momento después
ego la princesa me llevaría al castillo. Suspiré pensando en el lobo que me cuidara, recordando su calor y su ol
e provisiones. El otro arcón contenía ropa de cama, dos vestidos de excelente calidad, un abrigado manto de pieles y
or nerviosa. ¿Dónde diablos había dejado la tira de mi vestido viejo? El lobo entró a la cueva mientras yo revisaba el estante a toda prisa. Gi
ñor -m
cia el fuego. Lo observé intrigada mientras iba a olfatear las verduras sobre el plato y el caldero. Entonces se volvió hacia mí y cabeceó
no tardó en estar listo. El lobo había cerrado los ojos, tendido con la cabeza apoyada sobre sus patas, sus orejas alza
miné y cabeceó para señalar la s
e los ojos y saldr
esuré hacia la cornisa. Hacía un frío de mil demonios allí afuera, y me crucé de brazos con fuerza, tiritando con los dient
e vistió con rapidez. El sonido firme de sus botas se acercó a mis espaldas, y ahí se disparó de nuevo mi corazón, sin que pudiera evitarlo. Una tira de tela negr
mis hombros, guiándome
vestido? -inquirió con suavidad, haciénd
único que tenía. Y cuando tu hermana me dej
d, interrumpiendo mis tontos ba
anto cuando e
sentir el aire fresco de la cueva. Lo oí moverse a mi alrededor. Aguardé muy quieta y erguida, inten
fuego -susurró-. No te mu
e un cuchillo deslizarse entre mi piel y la espalda del vestido. Rasgó la parte posteri
para ponerte estos tra
iento
uedé muy quieta, las manos cruzadas sobre el pecho para que el frente del vestido no cayera en mi reg
y volví a envararme al sentir el roce de s
r que olía como correspondía. Apenas alcancé a sujetar el escote cuando me hizo sacar la otra manga para lavar ese
-. Desde ayer, hueles mejor cuando te toco. -Su nariz subió hasta mi mandíbula antes de resba
lina a todo correr. Apreté los labios cuando tomó mis manos
el paño tibio se aplastaba contra mi p
uieres que
ta de vergüenza. Pero era la ve