taba el frío seco, pertinaz, que escarchaba la gruesa capa de nieve sobre las calles y el suelo empedrado en torno
entre diecisiete y veinte años se alineaban frente al pozo, vistiendo sus mejores galas. Entonces, varios lobos en su fo
ambio de darle a tu compañero un par de hijos. Un destino envidiable, considerando que las alternativas eran pasar el resto de t
traban abiertamente con sus formas humanas, y creo que ésa
l sur. Las muchachas se estrecharon las manos con risitas nerviosas frente al pozo, engalanado co
n sencillo, como si no quisiera llamar la atención. ¿Ac
y una mujer: los cuatro primogénitos del Alfa anterior y su reina Luna, encargados de elegir en nombre de toda la manada. Se veían jóvenes, fuertes, imponentes, de rasgos atractivos tras sus expresiones adustas.
ras su hermana era la Beta de las lobas. Como el resto de la manada,
celes y se apearon, cerrando los ricos mantos de pieles sobre
siguiendo a su hermana, para evitar rev
dos a ella, y costaba diferenciarlos entre sí. Las narices rectas, los pómulos firmes sobre los que asomaban los ojos azules de mirada penetrante. Uno de ellos se había dejado crecer el
illas a pesar del frío, recordando al hombre de espaldas a mí, desnudo en la cascada. Un m
no del pozo, y al otro lado, todas las m
na y caminaron juntos a lo largo de la fila de muchachas ruborosas. Los otros
i atención. Aurora y Selene se abrazaban riendo. Y junto a ellas, mi hermana Lirio había caído de rodillas a los pies de l
. Se hizo un silencio de muerte, sólo interrum
ave y profunda. Parecida a la que oy
te los príncipes c
elegida -agregó el príncipe-, siempre y cuand
repetí en
rtad -respondió Tea por lo bajo-
e negué a pensar lo que hacía. Antes que Tea pudiera detenerme, me adelanté a codazos entre la gente hasta alc
controlar el temblor de mi voz
su hermana se acercaron varios pasos, con curiosidad. Los insul
ipe de pelo largo cuando me e
ro si me permitieran tomar el lugar de mi hermana, seré feliz realizando cual
ación! ¡Deberían c
otra en un hombro. Apreté los dientes y no me moví. Entonces la princ
enó la princesa ll
rar los suyos. No eran azules como los de todos los lobos: tenían un
ó la princesa estudiándome-. Pero, ¿cómo pod
padre la tr
se adelantó a codazos hasta detenerse a mis espaldas. Los murmu
ida? -inquirió sin
Risa, muéstrale
el cuarto creciente de adularia que colgaba de mi cuello. La prin
o esto, peque
a -se me an
de mí para clavar en ella una mirada que
uando quieras -agregó
Volvió a mirarme con un cabeceo rápido y s
rmanastra y cruzó la plaza hacia sus hermanos. La princesa se apartó de mí en la misma dirección. Lirio pareció a punto de desvan
na al atardecer en el claro -dij
orceles y se alejaron al galope hacia el s
mbas manos, incapaz de
Serás inconsciente! Agradece a Dios que la princesa intervino a tu f
uré frunciendo el
, pero notorio para su raza. -Tea colgó el manto y s
ando sacudirme el aturdi
casa -musité-. T
ahí. Las muchachas que no fueron escogidas darían cualquier cosa por encontrar
tas y la piel de oso, mirando sin ver las llamas, incapaz de hilar dos pensamientos cohere
n paquete para mí envuelto en tela, y dijo que me lo enviaba Lirio. Lo abrimos entregada y hallamos un her
stido -gruñó Tea,
xclamé, viendo que lo ext
tu hermanastra
Tea! ¿De qué
l -murmuró, oliéndolo y palpándolo
o echarás
es vestirlo? Te c
renda más fina que he tenido en la vida
res gotas de aceite de pasiflora. No sea