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Historia
Las Cenizas del Amor: Un Precio Amargo

Las Cenizas del Amor: Un Precio Amargo

Autor: Rabbit
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Capítulo 1

Palabras:2430    |    Actualizado en: 26/08/2025

a mí por honor, mientras su corazón le pertenecía a su novia de la adolescenc

pecial que le había preparado; jaló el mantel y tiró todos los platillos

una forma brutal. Una vez que terminó, susurró q

e. En el aniversario de la muerte de nuestro primer bebé, me abandonó en mi duelo para ir a consolar a Carla, po

os. Mientras aún me encontraba en el hospital, me abandon

viento se llevara las cenizas de nuestros bebés. A pesar

ntal no es un d

a murió. Tomé las pastillas que la borrarían para s

ítu

dinario CEO del Corporativo Ferrer, era un h

posa, una mujer dulce y discreta, mientras su corazón en realidad le pertenecía a su exnovia de la adolescencia, la apasio

de las duras realidades de su mundo, mientras cortejaba públicamente a Carl

también lo

mero para todos, incluyéndome a mí. Yo era la esposa callada y s

que sanar. Y si mi dolor era el precio por su paz, estab

a del filete miñón llenaba nuestra mansión moderna y sobria. La mesa est

te, luego las ocho, luego las nueve... Mi esperanza se desvanecía co

erta principal p

simo y una expresión de fría indiferencia. Ni siquiera miró la

a puerta, con su vestido rojo que era una como cuchillada de color en el pasillo monocromático. "¡Guau

Ese día era nuestro aniversario, y

mí. Al final, sus ojos se posaron en la mesa meticulosamente puesta. Un destel

do y amenazante. Cuando llegó a la mesa del comedor, agarró el

rcelana y toda la cena de aniversario se estrellaron contra el suelo en un est

o que un pequeño jadeo se

mo una tormenta aterradora y violenta. Caminó hacia mí; los vidrios rotos crujían bajo sus z

más que cualquier grito. "¿Por qué siempre tienes que hacer estas

nta se sentía apretada por el m

jo ni una palabra, solo disfrutaba del espectáculo. Luego de dirigirme un último vistazo despectivo, se di

o quedó a centímetros del suyo. Con su otra mano me sujetó la mandí

ude percibir un sabor a vino caro y a las amargas cenizas d

turo a ella; mostrándole todo lo que no puede tener, y tú sí", susurró co

entido. ¿Me lastimaba pa

d. Él le había comprado un collar sumamente caro, el cual le colocó alrededor del cuello para que

estériles paredes blancas me asfixiaban. Tratando de lucir tranquila,

a manejar los episodios disociativos, e integrar... o en su caso, para facilita

ente que el objetivo no era la integración. En realidad, era para

una caja, en la cual había una cajita musical personalizada; una réplica de la que mi

e le gustó la caja musical de tu madre, así que mand

madre por Carla. Tomó mi objeto más

a mano. Dijo que el color no le quedaba bien. Más tarde vi una foto de Carla usa

e en el abdomen. Un calambre inducido por el estrés que siempre volvía en ese día. Damián no estaba: se había ido temprano. De pronto, r

e encontró acurrucada en el suelo de la habitación que nuestro bebé nu

ó. Entonces, Carla lo llamó para quejarse de que el pas

había colocado un par de zapatitos tejidos a m

ea y, sin decir ni una palab

un grito crudo

cama fría, aún sintiendo el dolor de lo ocurrido,

taba pasando muy mal. Te compensaré",

era como un

ió para que me trasladara al edificio del Corporativ

bierta. Pude oír la voz de Carla, suave y suplican

arreglando con mucho cuidado el broche del costoso collar que le había comprado. Su toque era gentil y sumamente cuidadoso. Carla lo miraba d

rustración en los ojos de Dami

el cuello, solo para descubrir que el medallón que mi madre me había dado, en el c

demás, salí corriendo del edificio. Tenía que encontrar el me

ntiendo todo el cuerpo adolorido y mi c

sosteniendo un gran paraguas sobre la cabeza de Carla, mientras

jo él con una voz

uestro primer bebé. Había estado lloviendo igual de fuerte. Damián me abrazó

do de bloquear el recuerdo, porqu

me vio. Una mueca de desprecio apareció en su rostro cuando me p

ento mojado. Me agarró del brazo. Sus uñas se clav

dallón! Debió de haberlo recogido. Lo l

no burlón. "Es muy corriente. ¿Es

ó y aterrizó en un charco profundo y lodoso de la calle. Un segundo

ad, todo se desvaneció. Lo único que podía ver era el medallón de plata apla

ancé hacia adelante y empujé a Carla con todas mis fuerz

ía comenzado. El sol se abrió paso entre las nubes, proy

ndo. Luego, un sonido extraño y gutural salió de su

: "¡¿Carla, qué te sucede?!". A continuación, me miró con

abras tranquilizadoras, e

"Lo siento mucho", dijo con una voz suave como la seda. "Carla tiene una condición muy rara. El estrés puede

vez no sentí nada. Solo un vasto y frío vacío. Recor

ta la mesita de noche, sobre la cual había una pequeña caja de tercio

como si eso pudiera reparar m

ente. Damián seguía sin enten

un susurro bajo, dijo: "No te preocupes. Solo estoy usando a Carla para vengarme de su familia po

a y gastada cantaleta, y y

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