a mí por honor, mientras su corazón le pertenecía a su novia de la adolescenc
pecial que le había preparado; jaló el mantel y tiró todos los platillos
una forma brutal. Una vez que terminó, susurró q
e. En el aniversario de la muerte de nuestro primer bebé, me abandonó en mi duelo para ir a consolar a Carla, po
os. Mientras aún me encontraba en el hospital, me abandon
viento se llevara las cenizas de nuestros bebés. A pesar
ntal no es un d
a murió. Tomé las pastillas que la borrarían para s
ítu
dinario CEO del Corporativo Ferrer, era un h
posa, una mujer dulce y discreta, mientras su corazón en realidad le pertenecía a su exnovia de la adolescencia, la apasio
de las duras realidades de su mundo, mientras cortejaba públicamente a Carl
también lo
mero para todos, incluyéndome a mí. Yo era la esposa callada y s
que sanar. Y si mi dolor era el precio por su paz, estab
a del filete miñón llenaba nuestra mansión moderna y sobria. La mesa est
te, luego las ocho, luego las nueve... Mi esperanza se desvanecía co
erta principal p
simo y una expresión de fría indiferencia. Ni siquiera miró la
a puerta, con su vestido rojo que era una como cuchillada de color en el pasillo monocromático. "¡Guau
Ese día era nuestro aniversario, y
mí. Al final, sus ojos se posaron en la mesa meticulosamente puesta. Un destel
do y amenazante. Cuando llegó a la mesa del comedor, agarró el
rcelana y toda la cena de aniversario se estrellaron contra el suelo en un est
o que un pequeño jadeo se
mo una tormenta aterradora y violenta. Caminó hacia mí; los vidrios rotos crujían bajo sus z
más que cualquier grito. "¿Por qué siempre tienes que hacer estas
nta se sentía apretada por el m
jo ni una palabra, solo disfrutaba del espectáculo. Luego de dirigirme un último vistazo despectivo, se di
o quedó a centímetros del suyo. Con su otra mano me sujetó la mandí
ude percibir un sabor a vino caro y a las amargas cenizas d
turo a ella; mostrándole todo lo que no puede tener, y tú sí", susurró co
entido. ¿Me lastimaba pa
d. Él le había comprado un collar sumamente caro, el cual le colocó alrededor del cuello para que
estériles paredes blancas me asfixiaban. Tratando de lucir tranquila,
a manejar los episodios disociativos, e integrar... o en su caso, para facilita
ente que el objetivo no era la integración. En realidad, era para
una caja, en la cual había una cajita musical personalizada; una réplica de la que mi
e le gustó la caja musical de tu madre, así que mand
madre por Carla. Tomó mi objeto más
a mano. Dijo que el color no le quedaba bien. Más tarde vi una foto de Carla usa
e en el abdomen. Un calambre inducido por el estrés que siempre volvía en ese día. Damián no estaba: se había ido temprano. De pronto, r
e encontró acurrucada en el suelo de la habitación que nuestro bebé nu
ó. Entonces, Carla lo llamó para quejarse de que el pas
había colocado un par de zapatitos tejidos a m
ea y, sin decir ni una palab
un grito crudo
cama fría, aún sintiendo el dolor de lo ocurrido,
taba pasando muy mal. Te compensaré",
era como un
ió para que me trasladara al edificio del Corporativ
bierta. Pude oír la voz de Carla, suave y suplican
arreglando con mucho cuidado el broche del costoso collar que le había comprado. Su toque era gentil y sumamente cuidadoso. Carla lo miraba d
rustración en los ojos de Dami
el cuello, solo para descubrir que el medallón que mi madre me había dado, en el c
demás, salí corriendo del edificio. Tenía que encontrar el me
ntiendo todo el cuerpo adolorido y mi c
sosteniendo un gran paraguas sobre la cabeza de Carla, mientras
jo él con una voz
uestro primer bebé. Había estado lloviendo igual de fuerte. Damián me abrazó
do de bloquear el recuerdo, porqu
me vio. Una mueca de desprecio apareció en su rostro cuando me p
ento mojado. Me agarró del brazo. Sus uñas se clav
dallón! Debió de haberlo recogido. Lo l
no burlón. "Es muy corriente. ¿Es
ó y aterrizó en un charco profundo y lodoso de la calle. Un segundo
ad, todo se desvaneció. Lo único que podía ver era el medallón de plata apla
ancé hacia adelante y empujé a Carla con todas mis fuerz
ía comenzado. El sol se abrió paso entre las nubes, proy
ndo. Luego, un sonido extraño y gutural salió de su
: "¡¿Carla, qué te sucede?!". A continuación, me miró con
abras tranquilizadoras, e
"Lo siento mucho", dijo con una voz suave como la seda. "Carla tiene una condición muy rara. El estrés puede
vez no sentí nada. Solo un vasto y frío vacío. Recor
ta la mesita de noche, sobre la cual había una pequeña caja de tercio
como si eso pudiera reparar m
ente. Damián seguía sin enten
un susurro bajo, dijo: "No te preocupes. Solo estoy usando a Carla para vengarme de su familia po
a y gastada cantaleta, y y